Los ecuatorianos revivieron las multitudinarias procesiones en numerosas ciudades del país para conmemorar el Viernes Santo, las cuales estuvieron marcadas por rezos, cantos y penitencias de los fieles católicos.

La procesión del Jesús del Gran Poder ocupó a su vez el centro histórico de la capital, por donde hombres, mujeres y niños caminaron por más de dos horas cargando grandes cruces y portando coronas de espinas y cadenas que dificultaban su paso.

Unas 300.000 personas asistieron a la representación del Vía Crucis en la parte colonial de Quito, según el Municipio. En la parte sur de la ciudad también se celebró otra populosa romería.

En Ecuador, un 80% de los casi 16 millones de habitantes se identifica con la religión católica, de acuerdo con el más reciente censo.

Las caravanas religiosas se concentraron en Quito y en el puerto de Guayaquil (suroeste), donde los feligreses veneran las imágenes del Jesús del Gran Poder y del Cristo del Consuelo, respectivamente.