Desde Editorial De la Flor y desde hace más de 40 años publica las historietas de Quino, el creador de Mafalda; y al escritor Rodolfo Walsh. Daniel Davinsky, propietario de esa firma, a inicios de esta semana a su paso por Ecuador habló con este Diario de lo que experimentó durante dos dictaduras militares y su mirada sobre el humor gráfico. Desde esa experiencia cree que el humor es inofensivo y una caricatura no puede hacer tambalear al poder en sistemas que se saben fuertes.

¿Desde Editorial De la Flor, cómo vivió la dictadura?
Pésimo, peor imposible. Nos pusieron presos después de prohibir un libro infantil que se llamaba Cinco dedos. La dictadura  consideró  que era  una incitación a la subversión, y en realidad era la fábula de la Unión hace la Fuerza. Como la portada era una lucha entre manos y la mano que triunfaba era roja y formaba un puño, consideraron que era un símbolo de la guerrilla. Nos tuvieron presos sin procesos  127 días, después fuimos al exilio a Venezuela.

Dos dictaduras militares pasaron mientras estuvo al frente de De la Flor, ¿cómo las recuerda?
Los primeros libros salieron con la dictadura militar de (Juan) Onganía, allá por el año 1966, que era una dictadura blanda. Lo  que vino en 1976 con (Jorge) Videla  fue peor. En  1967, cuando salieron los primeros títulos, tuvimos libros prohibidos, algunas restricciones, pero no fue la brutalidad de la dictadura militar del 76. No hubo ni la mínima cantidad de muertos, tampoco existió la siniestra institución del desaparecido.

¿Cómo se arregló para manejar una editorial en momentos que la censura de la dictadura era la tendencia?
La censura no existió como tal en Argentina. Eso se dio en la España de Franco, donde se sometían los libros a la censura previa. En Argentina fue peor. Uno publicaba de todas maneras y después, sin ningún respeto a ninguna forma legal, caían sobre los libros, los prohibían. La pérdida económica era tremenda o directamente había cosas más graves como cuando nos apresaron.

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¿El gobierno central era quien realizaba estas prohibiciones o existían otros estamentos?
Estas  eran medidas de penalización sin ninguna legislación. Había distintos niveles  de prohibición. Había libros que se prohibían por decreto del Poder Ejecutivo; había libros que se prohibían por resoluciones del Municipio de Buenos Aires; también el correo prohibía la salida de algunos libros que se exportaban en paquetes postales. Existían distintos niveles de prohibición, en general, sin ningún mecanismo para apelar.

Entonces, ¿todo el aparataje del Estado estaba dispuesto a señalar el camino a seguir?
Sí, pero de una manera arbitraria, pues no había un criterio. Yo siempre decía que era el criterio del sargento Gorosito, porque circulaban algunos libros que, desde la ideología de los militares, tenían que estar prohibidos; en cambio, prohibieron cosas de una manera realmente arbitraria, como fue el caso del libro que motivó nuestra detención y el exilio.

De la Flor se ha caracterizado, en casi 50 años, por mantener entre sus autores a lo mejor del humor gráfico argentino y sudamericano, quienes han ironizado y criticado a la sociedad, a la política... ¿El humor es la herramienta para mantener una actitud contestataria frente al poder?

Sí, pero no como una decisión previa. No todo el humor que publicamos en De la Flor es político, hay también humor que es contestatario desde el punto de vista filosófico. Siempre lo que hace reír hace pensar.

Al caricaturista ecuatoriano Bonil se le inició un proceso administrativo en la Superintendencia de Comunicación (aún no se dictaba sentencia) por referirse a un hecho a través de una caricatura que, según esa institución, afecta y deslegitima una acción de la autoridad y apoya a la agitación social, que genera un enfoque erróneo de los hechos. ¿Qué opinión le merece?

Lo que se está haciendo  me parece un disparate.  El humor es inofensivo, el humor no derroca dictaduras, ni gobiernos democráticos.

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¿Usted ha mirado la caricatura en cuestión?
Sí, me la mostraron. Realmente creo que es un desatino que hace mucho daño al mismo Gobierno ecuatoriano.

¿Qué tipo de riesgos engendra para  un Estado o un  Gobierno  este hecho que usted  califica como “desacierto”?
La peor enfermedad que puede tener un sistema de Gobierno es la paranoia. Sentir que lo persiguen sin que nadie los esté persiguiendo. Creo que ponen la bala en el lugar equivocado.

¿Cómo analiza a quienes detentan el poder y por medio de este tratan de evitar que se los critique o cuestione, por ejemplo, mediante el humor gráfico?
Es un disparate tratar de impedirlo. En la dictadura de 1966 el general Onganía, que era bastante tonto y tenía unos enormes bigotes, era caricaturizado como una morsa. A la revista que publicó no la prohibieron. En los últimos años de época de la  dictadura sangrienta de 1976 a 1983 apareció la revista Humor. Esta fue muy satírica y pese a ello sobrevivió.

¿El humor gráfico siempre ha provocado el disgusto de dictadores y autoritarios?
Sería obvio decir que se han disgustado por falta de humor. Hace unos días aparecieron en un diario las caricaturas que hicieron en Francia, con el presidente François Hollande con motivo de su amorío; y situaciones del presidente Barack  Obama, en EE.UU. Esos sistemas han digerido ese tipo de caricaturas porque son sistemas fuertes, que saben que  no tambalea el poder por la caricatura.