La música la ilumina

La música la ilumina
La música la ilumina
Marieta alegra las tardes de sus compañeras tocando música romántica y religiosa. Carlos Barros
4 de Julio, 2013
4 Jul 2013

Llegan las seis de la tarde y las doce chicas de la fundación Beata Mercedes de Jesús Molina, ubicada en Samanes 5, empiezan a recoger los materiales que utilizaron para confeccionar muñecas de trapo. Todas limpian el lugar y buscan otros implementos para cumplir con alguna tarea doméstica. Todas menos una: Marieta.

De 23 años de edad, Marieta Guayas llegó hace ocho a esta casa que acoge a chicas con discapacidades cognitivas o físicas. “La amistad viene de Dios, y a Dios ha de volver, qué bueno es saber amar”, entona mientras desliza sus dedos sobre el cuarto órgano que ha tenido desde que llegó a la fundación.

“No me acuerdo bien a qué edad la cogí porque no tenía ni la partida de nacimiento”, dice Olga Zambrano, hermana encargada de la fundación. “Tuvimos que ir adivinando”. Fue ella quien la asistió cuando su madre biológica no pudo mantenerla más y se la llevó de Machala, su ciudad natal, a Loja.

“Mi mamá me daba para que chupe un hueso porque no había nada más que comer”, recuerda Marieta. Su madre era lavandera y no le alcanzaba el dinero para mantenerla y peor tratar su ceguera. “El doctor dijo que nací sin órganos visuales y nunca iba a poder ver”.

A los 6 años la hermana Olga la ingresó en el Instituto Especial de Ciegos Byron Eguiguren, de Loja, donde repitió dos años por su dificultad para aprender a hablar. La música fue el motor que la incitó a expresarse usando las palabras. “Ella no decía nada, recién a los 7 años empezó a murmurar en la iglesia, cuando cantaba”, comenta la religiosa.

A sus 8 años recibió su primera clase de piano. “Y fue para mí un éxito. Recibía clases todos los días, así me fui enseñando y entregando al piano”, expresa Marieta. En Loja llegó a formar parte de la Orquesta Sinfónica Édgar Palacios.

Vivió en la comunidad con las hermanas hasta que culminó la primaria. Fue entonces cuando la hermana Olga decidió traerla a Guayaquil para que conviva con otras chicas y se dé a conocer por su talento.

La música que acompaña a las otras chicas mientras barren, limpian y acomodan sus materiales de trabajo parece venir de una grabadora. Aunque Marieta no puede ver las teclas, nunca falla y la melodía continúa al son de su voz que invade los rincones de la casa. “No me gusta hacer tantos quehaceres”, revela Sara, una niña que sufre de parálisis y vive en la fundación, “pero cuando ella canta nos anima”, agrega.

La ropa de Marieta está algo sucia, pero ella no lo nota. Aunque nunca ha percibido los colores le gusta jugar a con qué combinan sus prendas. “Yo pregunto: ¿de qué color es esto?, y si es amarillo siento que es como el sol y lo combino con verde porque es como el pasto”.

No le interesa saber sobre su aspecto, lo que le importa es su órgano, que esté bien cubierto, que no le caiga polvo, por eso entre una canción y otra lo cubre con una tela, aun cuando sabe que en pocos minutos seguirá tocando.

“Pregúntele si es cuidadosa. Ese es el cuarto órgano que tiene, dice la hermana Olga. Y es que tanto ella como los que la conocen afirman que su fortaleza está en la música. “Pero es vaga para la lectura, a esta niña no le gusta la matemática, entonces por eso no la puse en el colegio”, dice la hermana.

“Ca- pí-tu-lo tres de los Co-rin-tios”, recita Marieta mientras desliza sus dedos reconociendo en cada punto de su Biblia en el sistema braille una letra, y luego sílabas.

Talento innato

Constantemente la invitan para que toque en matrimonios, primeras comuniones y funerales. “Yo traté de meterla acá en un conservatorio, pero me dijeron que perdía mi tiempo y dinero”, dice la hermana Olga, “porque ella canta y toca mejor que cualquiera”.

Marieta comenta que le encantaría que la descubran, que algún productor se interese en ella y le haga grabar sus canciones para darse a conocer. Para ella es una habilidad natural. No le toma más de dos pasadas de una canción, para que ya se aprenda la letra y luego de unas cinco ya tiene la melodía. “Yo aprendo al oído”, explica. Así se pasa el día tocando música religiosa y a veces romántica, como del grupo de La Oreja de Van Gogh o Marco Antonio Solís.

Marieta dice que se siente alegre porque la gente la apoya. “Quisiera poder vivir de esto y superarme cada día”, concluye.

 

La música la ilumina
Viva
2013-07-07T01:13:58-05:00
La falta de uno de sus sentidos hizo que desarrollara su talento en la música y el canto. Entonando melodías aprendió a hablar y ya se ha dado a conocer entre los feligreses de la iglesia de la Cruz del Papa, toca cada domingo.
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