Era gobernador de la remota provincia patagónica de Santa Cruz, pero era más conocido por ser el esposo de la senadora Cristina Fernández, quien se había ganado fama como la ‘rebelde’ del Congreso. El peronista Néstor Kirchner asumió el poder el 25 de mayo del 2003 con apenas un 22% del electorado a su favor.

El panorama que le tocaba enfrentar a Kirchner no era muy alentador. Argentina vivía una crisis desde el gobierno de Carlos Menem, en 1999, con una enorme deuda externa y un déficit fiscal elevado. En el 2000 nada detenía ya la fuga al extranjero de depósitos de los bancos ni de los capitales. A fines del 2001, con la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, por el llamado ‘corralito’, que restringió el retiro de fondos de los argentinos, y un desempleo masivo el país se hundía en el infierno. Lo peor fue asumido por el presidente provisional, Eduardo Duhalde. Su ministro de Economía, Roberto Lavagna, que ocuparía la misma cartera al comienzo del gobierno de Kirchner, puso las bases para la recuperación.

El trimestre anterior a la asunción de Kirchner, la economía ya estaba creciendo al 13% anual y prácticamente sin inflación. Pero Kirchner tenía claro que quería ser su propio ministro de Economía, así que acabaría despidiendo a Lavagna.

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Así empezó la ‘Era K’ (letra que pasó a ser la marca del kirchnerismo). En los primeros años se destacó la reducción de la pobreza al 23%, el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la derogación de las leyes e indultos que garantizaban la impunidad de los represores de la dictadura, entre otros.

La recuperación económica interna recibió un impulso gracias a la economía mundial. El precio de la soja, producto que fue el principal factor en el mercado internacional, pasó de 182 dólares (2001) a $ 327 (2007). Analistas consideran estos primeros años como un periodo de auge del kirchnerismo que en una primera etapa duró hasta el 2007 y se prolongó con su esposa, Cristina Fernández, elegida en el 2007 y reelegida en el 2011.

Sus defensores han bautizado el kirchnerismo como “una década ganada”. Sus detractores la consideran como una época de autoritarismo, corrupción e inseguridad. Así, en medio de elogios y críticas el gobierno de Fernández celebró ayer el aniversario en la Plaza de Mayo, frente a la sede del Ejecutivo.

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La “fiesta multitudinaria” se ha visto opacada por las recientes denuncias de corrupción reveladas por el periodista Jorge Lanata que han salpicado a empresarios como Lázaro Báez, amigo de los Kirchner, por su supuesta vinculación en el delito de lavado de dinero. Por este caso la justicia lo imputó por el presunto envío irregular de unos $ 71 millones a supuestas cuentas bancarias en Suiza.

El exsecretario personal de Kirchner, Daniel Muñoz, también es investigado, al igual que otros allegados y funcionarios del gobierno, como el vicepresidente Amado Boudou.

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Desde que Néstor Kirchner llegó al poder, la familia presidencial multiplicó su fortuna, de 1,5 millones de dólares, según declaraciones patrimoniales en el 2003, a 11,1 millones de dólares, en el 2008, repartidos en varios bancos e inmuebles.

Los escándalos mantienen descontentos a los argentinos como Dino Zaffani, residente en Río Gallegos (capital de Santa Cruz). Dice que Cristina y él (Néstor) reprodujeron en Buenos Aires el mismo modelo que les dio éxito en Santa Cruz. “La manipulación de los jueces y el control férreo de la sociedad”.

José Nun, subsecretario de Cultura en el 2009, es hoy uno de los críticos de esta era. “La política de bienestar se hizo apelando a parches, como el de la Asignación Universal por Hijo (que subsidia a familias pobres)...”.

Fernández, quien asumió el poder en el 2007, marcó diferencia en el ‘modelo K’. Se renegó de la Corte Suprema y en su afán de perpetuidad, según analistas, se inició una política de confrontación con la prensa, la justicia y la oposición. A su vez, comenzó un proceso inflacionario que no sería reconocido por el gobierno, pero que según los analistas económicos, llegó al 25,6% en el 2012. El peso se apreció, reduciendo la competitividad del país y llevando a una fuga de capitales que entre el 2008 y 2012 representó una salida de $ 60.000 millones.

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Ella fue la que nacionalizó en el 2008 la empresa de capital español Aerolíneas Argentinas y en el 2012 expropió a Repsol el 51% de sus acciones en YPF. En ese año también tuvo un conflicto con el sector agrario y una ruptura con el Grupo Clarín, principal grupo de comunicación en Argentina.

En el 2009 el gobierno impulsó una Ley de Medios que, entre otros contenidos, obligaba a Clarín a deshacerse de parte de sus negocios audiovisuales. La compañía se negó, el gobierno recurrió a la justicia y esta respaldó a Clarín que presentó un amparo judicial. Desde ese momento, Fernández arremetió contra los jueces e impulsó una reforma judicial.

Tras la muerte de Kirchner en el 2010, los problemas fiscales se acrecentaron. En junio del 2012, los cacerolazos se extendieron por semanas en rechazo a las restricciones impuestas por el fisco para la compra de dólares y las trabas al comercio exterior. Datos del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina, revelan que el porcentaje de la pobreza rondaba el 26% a fines del 2012. Las cifras oficiales son otras, los pobres no serían más que el 5,5% porque el gobierno considera que una persona puede comer al día con 6 pesos ($ 1,14), cuando solo un café cuesta 12 pesos ($ 2,28).

“Ganamos una década. Vamos por lo que falta”, se lee en uno de los afiches colgados en las calles para conmemorar el aniversario del kirchnerismo. El mensaje hace alusión a la propuesta del oficialismo para que Cristina vaya por una nueva reelección. Para ello es necesario una reforma constitucional que ya generó protestas como la del pasado 8 de noviembre que reunió a unas 700 mil personas en Buenos Aires y otras ciudades.