Fue uno de los mejores secretos guardados de la misma Tierra y estaba en las profundidades de las aguas del océano Índico. La ciencia la detectó y los análisis sorprenden.

Se trata de una “burbuja salada”, atrapada durante siglos en las profundidades abisales, que emergió a la superficie en el momento justo en que el planeta comenzaba a calentarse rápidamente, informan en National Geographic.

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Un equipo de investigadores de Rutgers, la Universidad Estatal de Nueva Jersey, Estados Unidos, identificó un aumento abrupto de salinidad en las aguas del océano Índico hace aproximadamente 20.000 años, justo al inicio de la deglaciación, precisa la publicación.

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La Universidad de Rutgers detalla que en un estudio innovador sobre la geoquímica de los océanos antiguos, un investigador de Rutgers y un exestudiante de posgrado de la institución “encontraron evidencia de que el final de la última Edad de Hielo, hace unos 18.000 años, un período de rápido calentamiento planetario, coincidió con el surgimiento de agua salada que había quedado atrapada en las profundidades del océano.

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“Los investigadores han especulado durante mucho tiempo que los niveles de salinidad de las profundidades oceánicas estaban vinculados a los cambios en el dióxido de carbono atmosférico a lo largo de los ciclos glaciales. Nuestro artículo lo demuestra”, sostiene la profesora Elisabeth Sikes.

Y describe la universidad que “los océanos contienen grandes cantidades de dióxido de carbono, que absorbe la energía infrarroja y contribuye al calentamiento global”.

Buena parte de este carbono lo absorben los organismos marinos en la superficie durante la fotosíntesis. “A medida que estos organismos viven, mueren y se hunden, sus restos se descomponen y liberan el dióxido de carbono a las aguas profundas”.

Las diferencias de salinidad entre las capas profundas del océano ayudan a formar una barrera entre ellas, impidiendo que el gas regrese a la atmósfera, dice “Rutgers”.

La circulación oceánica

El calentamiento y el enfriamiento son cíclicos, lo que acelera y ralentiza la circulación oceánica, conocida como la “cinta transportadora oceánica global “.

Imagen: Freepik/benzoix

Explican en National Geographic que “la circulación oceánica se ralentiza durante las épocas frías y acelera en los períodos cálidos. Esta dinámica determina no solo el transporte de calor en el planeta, sino también la capacidad del océano para almacenar y liberar carbono”.

En épocas glaciares, agregan, “las aguas frías y densas del sur se hunden más fácilmente, llevando consigo grandes cantidades de CO₂ hacia las profundidades”.

La profesora Sikes señala: “Durante la última Edad de Hielo, que alcanzó su punto máximo hace unos 20.000 años, las profundidades del océano almacenaban dióxido de carbono de manera más eficiente que hoy, lo que ayuda a explicar por qué las temperaturas promedio eran mucho más bajas”.

La burbuja de sal

Los científicos saben que el calentamiento del planeta al final de la última glaciación se caracterizó por una enorme liberación de dióxido de carbono de las profundidades oceánicas, destaca “Rutgers”.

Sin embargo, “lo que ocurrió con la sal que supuestamente contribuyó a retener el dióxido de carbono sigue siendo un misterio”.

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El trabajo investigativo apoya la idea de que es la salinidad del agua de las profundidades oceánicas –la ‘mancha o burbuja salada’– la que mantiene el dióxido de carbono retenido durante largos períodos de tiempo", dice Ryan H. Glaubke , investigador postdoctoral asociado de la Universidad de Arizona y autor principal del estudio.

Para llegar a esta conclusión, Glaubke y Sikes analizaron la composición geoquímica de microfósiles del tamaño de granos de arena –formados por criaturas unicelulares llamadas foraminíferos– en sedimentos marinos que recolectaron en el límite de los océanos Índico y Austral, frente a las costas del oeste de Australia.

Anota Sikes: Los microfósiles conservan información sobre el agua en la que se formaron, incluida su salinidad.

“El océano ha sido nuestro mayor aliado contra el cambio climático”, explica Glaubke, citada en “National”, “pero sin una burbuja salada como la que existía en la era glacial, su capacidad de retener carbono es limitada”. (I)

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