Hay una maquinaria de exposición constante. ¿Sabías? Y frente a esta un filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han eleva el hogar a categoría de “trinchera”. ¿De qué habla?

El filósofo Byung Chul Han habla que las personas que se exigen estar disponibles, activos y productivos en todo momento.

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Han denuncia que “la hiperconexión, la autoexplotación y la obsesión por mostrar cada instante de nuestras vidas en redes sociales han erosionado por completo nuestra capacidad de descanso”, publican en Vanitatis, de El Confidencial.

Volver a casa

De acuerdo con ese medio, Han plantea una revolución mucho más silenciosa y, paradójicamente, más radical: volver a casa.

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Resalta el pensador que el capitalismo contemporáneo “odia el vacío y el silencio”.

Según reseña Vanitatis, “nos ha enseñado a temer las horas muertas, la falta de estímulos, la ausencia de una prueba digital de que estamos “haciendo” algo.

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Ante este estresante escenario, Han, ganador del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 sostiene que: “Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia”.

Considera que esa es la única manera de desactivar el imperativo de la productividad total.

En la ‘trinchera’ “nos escuchamos”.

Dice el filósofo: “Es precisamente en ese tiempo improductivo, anónimo y silencioso cuando más soberanos somos.

Analiza que lejos del ruido exterior, es cuando “recuperamos el derecho a escucharnos y a existir sin que nadie mida nuestro rendimiento”.

No es aislamiento social

Vanitatis explica que cuando Han defiende el volver a casa, al momento de defender el hecho de quedarnos en el hogar, “no implica romantizar el aislamiento ni abandonar la vida social, sino reclamar un espacio donde el silencio no produzca culpa”.

Se trata de una reivindicación de la “casa como bastión de libertad”, un refugio donde vivir sin testigos, sin mercado y sin la obligación de mostrarse.

Instrumentos de los smartphones

Han, en su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, destacó: “No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural”.

El teléfono inteligente, dijo, puede ser una herramienta utilísima.

“No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos”.

Sobre las redes sociales expuso: “También podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía”. (I)

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