Leo Soria es argentino y tiene 41 años. Hasta hace un año, que se retiró como jugador de básquet adaptado, tenía un ingreso regular. Al necesitar dinero decidió utilizar su silla de ruedas y entró a trabajar para Rappi, donde los servicios de delivery los entrega rápido, con responsabilidad.

Soria, desde bebé y debido a “una mala praxis durante un tratamiento por meningitis”, presenta discapacidad motriz. Para él, es imprescindible su silla de ruedas, hoy también su medio para laborar.

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“Tuve meningitis de chico. Pero la vida no me detuvo. Tengo que seguir adelante, tengo por quién”, lo citan en TN.

“Solo necesito un empleo”

“No soy ejemplo de nada, solo necesito un empleo”, señala Leo Soria a La Nación, medio con el que comparte su historia en Buenos Aires.

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Expresa que otros repartidores lo felicitan, pero él dice: “Hago lo que hacen ellos, nada más que en silla de ruedas”.

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En diciembre pasado consiguió la oportunidad laboral en Rappi.

Cuenta que desde mayo del año pasado buscó trabajo, pero no consiguió.

“Mandé muchos currículums, pero no tengo respuesta. Igual, sigo buscando”, declara.

Una ayuda con la ‘changuita’ de Rappi

Leo Soria dice que la “changuita” con Rappi le ayuda.

“No me quedó otra opción. Necesito tener ingresos”, manifiesta sobre su trabajo en Rappi.

Cada mañana, a las 7:30, ya está activo, revisando la aplicación en su celular.

Media hora después inicia su jornada. Empieza a tomar pedidos; suele trabajar por zona norte, Morón y Belgrano, destaca La Nación.

Al mediodía almuerza en su casa y por las noches retoma el servicio de delivery.

Lamenta que haya zonas a las que no puede ir porque no puede usar el transporte: “faltan rampas en las estaciones de tren y los colectivos -autobuses- no tienen piso bajo ni rampa”.

De las vías públicas observa veredas irregulares rotas. Eso limita sus entregas como repartidor.

Los sueños

Leo Soria, quien fue jugador de básquet adaptado durante 21 años, tiene un hijo de 15 años.

Informa La Nación que cobra una pensión no contributiva por discapacidad, de unos 315.000 pesos. Estos últimos meses, le sumó unos 400.000 pesos mensuales por las entregas para Rappi.

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“Recurrió a este trabajo porque no podía solventar sus gastos y los de su hijo”, divulga el citado medio argentino.

Desea ser entrenador de básquet adaptado y con nobleza responde: “El deporte me dio una gran parte de mi vida. Es hora de devolver un poco lo que me dio”.

Su aspiración es clara: “Me gusta esforzarme y dar lo mejor de mí. Quiero un trabajo en donde pueda demostrar lo que soy capaz”.

Soria dice que tiene “un carácter fuerte, que no lo deja decaer”.

Sin embargo, La Nación destaca su humor: “Hay repartidores que ven y me preguntan si entrego en silla de ruedas. Yo les contesto en broma: ‘No, dejo la silla ahí y me voy corriendo”. (I)

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