Investigadores de varias partes del mundo se la juegan para proponer alternativas al sector construcción y lanzar una idea para crear el “nuevo” hormigón.
Un grupo de expertos en Australia “acaba de demostrar que la solución podría estar escondida en un residuo que usamos a diario sin darnos cuenta: el que deja la fabricación de baterías de litio”.
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Investigadores de la Universidad Flinders “están convirtiendo los desechos mineros en una herramienta para la construcción sustentable”.
Explican en La Razón que un equipo, dirigido por el profesor Aliakbar Gholampour, de la Universidad de Flinders, descubrió que ese desecho -de baterías de litio- “puede transformarse en un ingrediente clave para crear un hormigón más limpio, resistente y duradero”.
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De qué se trata la propuesta del nuevo hormigón
Resaltan, desde la Universidad de Flinders, que “el hormigón convencional es el artículo más fabricado y el material de construcción más utilizado en el mundo, con 25 mil millones de toneladas utilizadas cada año, pero:
- consume alrededor del 30% de los recursos naturales no renovables,
- emite alrededor del 8% de los gases de efecto invernadero atmosféricos y
- representa hasta el 50% de los vertederos.
Con este argumento, los investigadores proponen un estudio de hormigón que “se centra en la β-espodumena deslitiada (DβS), un subproducto del refinado de litio, que presenta propiedades puzolánicas, lo que significa que reacciona químicamente para mejorar la resistencia y durabilidad del hormigón”.
La investigación demuestra que, al utilizarse en aglutinantes geopoliméricos, la DβS puede mejorar significativamente el rendimiento mecánico y la resiliencia a largo plazo.
Detallan en La Razón que “además de reducir la contaminación asociada a la acumulación de DβS, esta reutilización ofrece un beneficio adicional: abarata costos”.
Los investigadores señalan que dado que la refinación de litio es responsable de generar mayores volúmenes de DβS, la capacidad de reutilizarlo en la construcción ofrece una solución sostenible que reducirá los residuos industriales, evitará la posible contaminación del suelo y las aguas subterráneas y apoyará las prácticas económicas circulares en los sectores de la minería y la construcción.
Con información de La Razón y la Universidad de Flinders
(I)