Había amor, pero, sinceramente no fue a primera vista. Cuando Simon Stiles detalló, in situ, la embarcación que había comprado sin ver le pareció “horrible”. Fue tan extraña la experiencia que lo llamó “patito feo”. Hoy, aquel catamarán está transformado en una minicasa y en ella vive. Sucedió lo del viejo dicho: las apariencias engañan.
El impacto inicial se le fue pasando “cuando entró, tocó las estructuras y sintió que, pese a las apariencias, había solidez”.
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Antes de comprar el catamarán, Simon “pasó dos años viajando por Norteamérica en una camioneta y casi un año recorriendo el mundo en motocicleta”, difunde Click Petróleo y Gas.
El catamarán es un modelo Oro 47 de 1976. Simon le dio nombre: Old Dog, difunde Interesting Engineering.
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Cuando Simon lo adquirió, lucía abandonado. “Llevaba 12 años en el mismo sitio”.
Por la embarcación pagó 5.000 dólares canadienses, “reconociendo que era más de lo que indicaba el estado del barco, pero aun así cerró el trato y solo lo vio por primera vez después”, publica Clarín.
Sin diesel, pero con paneles solares
Simon asumió que ese “patito feo” podría traer algo bueno, destaca.
Indica Clarín que cuando compró el catamarán, este tenía un motor diésel en funcionamiento.
Entre las primeras decisiones de Simon fue deshacerse de él. Dos razones tuvo en ese momento: la ambiental y la comodidad.
Simon Stiles pasó 3 años y medio construyendo Old Dog, su catamarán sin combustibles fósiles, alimentado por energía solar y eólica, detallan en Interesting Engineering.
“Con la electricidad, no quiere verse limitado por el tanque de combustible ni la logística, sobre todo al pensar en largas travesías”, añade el medio.
Para la electricidad en el catamarán, le instaló 16 paneles solares de 330 vatios cada uno, fabricados en Canadá, que totalizan 5.280 vatios de energía solar.
Detallan en Clarín que Simón “utiliza baterías de 20 kWh y un motor de corriente alterna (CA) para vehículos eléctricos de 12 kWh”.
Esa potencia le parece suficiente para uso doméstico: “hace funcionar placas de inducción y hornos, una lavadora y equipos de producción de agua”.
Reconstruir el catamarán
Para que dejara de ser un “patito feo”, Simon cambió las quillas del catamarán, le retiró “cientos de kilos de pintura” y reemplazó “prácticamente cada centímetro cuadrado de la cubierta”.
Destaca que el catamarán “está fabricado con materiales náuticos: contrachapado de calidad, cedro, todo revestido con epoxi y fibra de vidrio para mayor resistencia”.
Vivir en el mar
Para Simon, el catamarán es su refugio y su cuartel general de aventuras.
De la embarcación, convertida en una minicasa flotante, destaca la autosuficiencia y afirma que “produce su propia agua potable con un sistema de desalinización y que, con la energía disponible, es fácil producir agua dulce”.
Para los días de invierno, debe calentar el catamarán y por eso “construyó una estufa de leña de acero inoxidable, pero planea cambiar a calefacción eléctrica e incluso construir su propia bomba de calor para mayor practicidad”.
Su vida en el catamarán -y minicasa- le regala momentos únicos: “amaneceres, ver nutrias, observar focas cuando se acercan, visitar hermosos arrecifes y pescar para su propia cena”. (I)