Había amor, pero, sinceramente no fue a primera vista. Cuando Simon Stiles detalló, in situ, la embarcación que había comprado sin ver le pareció “horrible”. Fue tan extraña la experiencia que lo llamó “patito feo”. Hoy, aquel catamarán está transformado en una minicasa y en ella vive. Sucedió lo del viejo dicho: las apariencias engañan.