La transmisión comenzó con el mismo entusiasmo y expectativa que generan esas alfombras elegantes de otros colores. El sábado 22 de agosto, los anfitriones virtuales José Forteza (revista Vogue), Catalina Robayo (RCN), Óscar Hernández (Toribio y Donato) y Valentina Suárez (Universo Mola) estaban conectados y listos desde las 17:00 para comentar los atuendos de los invitados a la ceremonia de la séptima edición de los Premios Latinoamérica Verde en el Hotel Sonesta de Guayaquil, solo que esta vez su mirada se enfocó en la historia y origen de sus prendas, más allá de su apariencia. “Veremos que la sostenibilidad en la moda no es un mito, solo hay que tener imaginación y tener conciencia. Además, volver a usar una prenda o unos accesorios, despierta nuestra creatividad. Somos más únicos cuando estamos siendo sostenibles”, expresó Forteza vía Facebook Live.

Así, el código de vestimenta de la noche se sostuvo en pilares como el uso de materias primas alternativas, la reutilización y la revalorización del trabajo artesanal y local.

Poniendo el ejemplo, Gustavo Manrique, presidente del evento, desfiló por la denominada alfombra verde con el mismo traje Gustavo Moscoso que lo ha acompañado en ediciones pasadas (“me obliga a mantenerme flaco”), con forros interiores elaborados con retazos.

Priscilla Torres, directora ejecutiva de la iniciativa, eligió el vestido que lució en la graduación de uno de sus hijos, rediseñado de la mano de Melissa Murtinho. Otra de las invitadas virtuales, Estefanía Cardona (de Lifestyle Kiki), se vistió con un kimono reversible (que puede llevarse al menos de cinco formas) de la quiteña Florencia Dávalos, quien trabaja en algodón con tinturado digital.

Entre los asistentes destacaron también la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, Bianca Dáger, cofundadora de los premios verdes e Ilyanna Albán, jefa de marca de Güitig.

La ceremonia de premiación tuvo como anfitriones a los actores Roberto Manrique y a Carmen Villalobos (desde Colombia) quienes también lucieron sus galas a favor del medio ambiente. El vestido de Carla es de la marca Taroa, hecho en algodón y confeccionado por una mujer cabeza de familia en Bogotá (Colombia). Fue pensado para que el top y la falda sean combinables y reusables con otras prendas como un jean o una blusa diferente. Además, los restos textiles del corte del vestido serán utilizados para realizar otras prendas o productos de la marca, lo que ayudará a minimizar su impacto.