Más de un siglo lleva la humanidad que los seres humanos tienen diferentes tipos de sangre. Pese a esto aún hay personas que desconocen cuál es su tipo, ya sea por falta de interés u algún otro factor externa como un temor las razones son varias.

El patólogo alemán Karl Landsteiner descubrió a principio de 1900 que cierto tipos de mezcla de sangre no eran compatibles. En esa época se realizaban transfusiones sanguíneas para tratar ciertas enfermedades, pero los resultados podían ser nocivos para el paciente al no conocer el factor de compatibilidad.

Landsteiner descubrió que la superficie de las hematíes hay dos tipos de proteínas marcadoras o antígenos que son el A o B, además el plasma también contiene dos tipos anticuerpos a los que llamo Anti-A y Anti-B. Es así que estableció los grupos sanguíneos A, B, AB y O.

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Sin embargo, tuvo que pasar 40 años para que se establezca que no solo era necesario saber el grupo sanguíneo. Es así como descubrió que hay otra proteína que forma parte de las células y de las transfusiones que es el factor RH, que puede ser positivo o negativo.

La importancia que hay en conocer el tipo de sangre radica en el momento de emergencias o accidentes que requieran de transfusiones, donación de órganos o de sangre. También durante el embarazo y en trámites es necesario, en el caso de Ecuador, este era uno de los requisitos a presentar para la obtención de una licencia de conducir.

A nivel médico se utiliza el tipo de sangre para conocer si se deben extremar cuidados ante ciertas enfermedades. El caso del coronavirus es uno de estos donde se identificó que los pacientes con sangre tipo A podrían ser más vulnerables a los efectos del virus. (I)