Un estudio que siguió a 32 000 estadounidenses durante tres años muestra que los consumidores de cigarrillos electrónicos aumentaron su riesgo de desarrollar las mismas enfermedades pulmonares crónicas que los fumadores comunes, según resultados publicados el mes pasado.

En Estados Unidos se estableció un vínculo entre vapear y una enfermedad llamativa y grave que causó 52 muertes (Evali) este año, pero que es muy específica para un tipo de recargas, a menudo vendidas de forma ilícita en el mercado negro, las cuales contienen cannabis y un ingrediente tóxico –aceite de vitamina E–.

El estudio publicado a mediados de diciembre de 2019 es más amplio y estadístico. Muestra que los que utilizaron vapeadores tenían el 30 % más de probabilidades de desarrollar enfermedades pulmonares crónicas como bronquitis, asma, enfisema o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, en comparación con las personas que no los usaron.

Uso combinado, triple riesgo

Cuando las personas utilizan vaporizadores y fuman cigarrillos al mismo tiempo, lo cual es común, el riesgo se triplica.

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El uso del cigarrillo electrónico es un predictor del desarrollo de enfermedad pulmonar en un periodo muy corto.

“Hemos concluido que los cigarrillos electrónicos son dañinos en sí mismos, con efectos que ocurren independientemente del consumo de tabaco convencional”, dice uno de los autores, Stanton Glatz, profesor de medicina y director del Centro de Investigación sobre Tabaco de la Universidad de California, en San Francisco.

Este es el primer estudio que rastrea a los vapeadores a lo largo del tiempo y muestra ese vínculo, según los autores, que publicaron su trabajo en la revista American Journal of Preventive Medicine.

Vapor de segunda mano. Los aerosoles en los dispositivos electrónicos para vapear contienen sustancias tóxicas que incluyen glicol (que se usa para hacer anticongelante), indica la OMS.

Los datos provienen de la encuesta sobre la población usuaria de tabaco y la salud (PATH), que siguió a 32 000 adultos estadounidenses de 2013 a 2016. Ninguno de ellos tenía señal alguna de enfermedad pulmonar al empezar el estudio.

“El uso del cigarrillo electrónico es un predictor del desarrollo de enfermedad pulmonar en un periodo muy corto. Solo tomó tres años”, dijo Glantz.

Aunque el estudio se enfocó en personas que vapearon nicotina, es posible que algunos hayan probado también productos de tetrahidrocannabinol (THC), el principal constituyente psicoactivo del cannabis, añadió.

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Los dispositivos electrónicos para el vapeo se han propuesto como la alternativa al cigarrillo común. Sin embargo, el estudio concluyó también que muchos fumadores adultos terminaron usando ambas formas de tabaco, y en ese caso empeoran su pronóstico.

Otros peligros relacionados

La investigación se suma a la creciente evidencia de que vapear puede causar daño físico, sea en forma de quemaduras químicas, daño al tejido pulmonar, metales tóxicos que dejan cicatrices permanentes en los pulmones, aceite de vitamina E que forma tapones e incluso baterías sobrecalentadas que explotan.

Lo anteriormente descrito se diferencia del reciente interés en las lesiones pulmonares ligadas al vapeo (Evali). La semana pasada, los Centros Estadounidenses para el Control y Prevención de las Enfermedades reportaron 2409 casos a través de los 50 estados, Puerto Rico y las Islas Vírgenes.

Más de 15 000 saborizantes para el vapeo. Algunos atraen a los menores de edad (chicle, algodón de azúcar). La OMS pide restringirlos y vetar el vapeo en espacios públicos cerrados. (Imagen tomada de https://www.blacknote.com/blog/)

A pesar de meses de rastreo, no se ha identificado una sola causa para explicar todos estos casos. Los aceites auxiliares, como el de la vitamina E, los metales pesados, los saborizantes y otras toxinas han sido implicados. La amplia mayoría de casos involucran el vapeo de THC. Y en muchos casos, se utilizaron dispositivos falsificados.

En 2018, Glantz participó en una publicación en la que se liga el uso diario del cigarrillo electrónico sumado al cigarrillo tradicional con un riesgo aumentado de infarto agudo de miocardio.

No hay pruebas de que ayude a dejar de fumar

El pasado 23 de enero Jerome Adams, la máxima autoridad médica de Estados Unidos, informó que no existen pruebas suficientes de que el cigarrillo electrónico ayude a dejar de fumar, y se mostró contrario a promover su uso, a diferencia de los parches de nicotina y las terapias conductuales.

En este momento no hay prueba adecuada para concluir que los cigarrillos electrónicos, en general, incrementan el número de personas que dejan de fumar.

La conclusión choca con lo que el gobierno británico, por ejemplo, recomienda a los fumadores, en un momento en que el vapeo está siendo atacado en Estados Unidos y otros países debido a su creciente popularidad entre los jóvenes y el riesgo potencial de sufrir alguna enfermedad respiratoria. Public Health England, la agencia de salud británica, recomienda explícitamente el vapeo para dejar de fumar basándose en estudios con fumadores seguidos durante largos lapsos de tiempo.

En cambio, Adams declaró que “los cigarrillos electrónicos, un conjunto de productos que cambian constantemente, se usan de múltiples maneras. Por lo tanto, es difícil generalizar su efectividad sobre la base de ensayos clínicos que utilizan un cigarrillo electrónico particular”.

“En este momento no hay prueba adecuada para concluir que los cigarrillos electrónicos, en general, incrementan el número de personas que dejan de fumar”, continúa el informe de Adams, cirujano general de los Estados Unidos y vicealmirante del Cuerpo de Oficiales del Servicio de Salud Pública.

El funcionario cita estudios que concluyen que ciertos cigarrillos electrónicos ayudan a los fumadores, pero según el alto funcionario médico, estos estudios no permiten concluir de manera rigurosa que todos los productos de vapeo son igualmente efectivos.

Hay miles de productos diferentes en las categorías de cigarrillos electrónicos y vapeo, miles. Realmente necesitamos más investigación para determinar qué dispositivos tienen el potencial de ayudar a dejar de fumar, a quiénes y en qué circunstancias”, explicó Adams en una conferencia de prensa.

Lo que sí funciona

Los métodos cuya eficacia ha sido demostrada son las terapias conductuales, los productos con nicotina aprobados por la agencia de medicamentos (FDA) como los parches para la piel, los chicles y las grageas, y el apoyo en textos y en internet.

“Las terapias conductuales y estos siete medicamentos aprobados por la FDA son eficaces de manera independiente, pero cuando se usan juntos aumentan en gran medida la probabilidad de que alguien deje de fumar”, insistió Adams.

El aumento en los impuestos al tabaco, las advertencias en los paquetes de cigarrillos y las prohibiciones de fumar en espacios públicos también funcionan, concluye el informe avalado por más de 150 científicos, que participaron en su realización y revisión.

El gobierno de Donald Trump anunció recientemente la prohibición de algunos tipos de vapeadores que se encuentran actualmente en el mercado, los que tienen recargas o cartuchos cerrados y aromas distintos al tabaco y al mentol, particularmente utilizados por los jóvenes.

La edad mínima para comprar productos de vapeo y de tabaco también aumentará en el otoño de 2020 de 18 a 21 años en todo el país.

Según el estudio anual sobre jóvenes y tabaco del Gobierno estadounidense, el 27,5 % de los estudiantes de último año de secundaria dijeron haber vapeado en los últimos 30 días del 2019, en comparación con el 11,3 % en 2016. Fuentes: AFP, NBC News