El perdón es uno de los componentes más importantes en la relación de pareja. El amor une a dos personas y les llena la mente de planes e ilusiones que deben perdurar a lo largo de caminos no siempre claros, rectos o seguros; el perdón intenta evitar que los errores u ofensas que en ese largo trayecto cometa cualquiera de ellos los hagan dudar sobre mantener el rumbo hasta el final.

Es muy improbable que exista un matrimonio que no haya pasado por la experiencia de perdonar o no perdonar una falta de uno de sus miembros hacia el otro.

¿Pero qué es perdonar? ¿Olvidarse de la ofensa, como si no hubiera ocurrido? Eso equivaldría a impunidad y una invitación a que se repita. ¿Pagarle con la misma moneda? Serían dos errores, dos culpables, y crearía muchísima desconfianza, uno de los principales enemigos del matrimonio.

Perdonar es un proceso largo, sin tiempo límite (puede tomar varios años). Jamás debe ser tomado a la ligera, ya que la forma en que se realice moldeará el futuro de la relación.

Es una decisión consciente, voluntaria, con un propósito específico que queremos alcanzar usando todos los recursos que podamos aplicar. No todos tenemos las mismas capacidades para asimilar la magnitud del problema, pero podemos buscar ayuda profesional.

El principal objetivo no es exculpar al ofensor (los hechos no están en discusión), sino ayudarse a aliviar el resentimiento, la frustración y el dolor emocional producidos por dichos actos. Con una mente clara se pueden tomar decisiones realistas.

Perdonar no significa olvidar, es muy difícil controlar nuestros recuerdos; pero podemos aprender a enfocar nuestra atención en otros temas de diferente contenido emocional que nos podrían distraer, mientras el tiempo se va encargando de poner las cosas en el lugar que deseamos.

Por supuesto que el elemento central en este contexto es el arrepentimiento sincero y explícito por parte de quien causó la ofensa, y su total disposición a ayudar en todo lo que sea apropiado para hacer menos penoso el camino hacia la recuperación de la paz interna del ofendido.

El perdón debe tener más que ver con el futuro que deseamos que con el pasado que sufrimos. Son heridas que no sanarán en corto plazo, pero se ha demostrado que cuando el perdón ha sido figura central en la vida matrimonial, la relación ha salido fortificada con más calidad y más longevidad. (O)