El guerrero de la luz empieza a pensar que es mejor seguir la luz. Él ya engañó, mintió, se desvió de su camino, cortejó las tinieblas. Y todo siguió saliendo bien, como si no hubiera pasado nada. Pero ahora quiere cambiar sus actitudes. Al tomar esta decisión, oye cuatro comentarios: “Siempre has actuado de forma errada. Eres demasiado viejo para cambiar. No eres bueno. No lo mereces”. Entonces mira al cielo. Y una voz le dice: “Bien, querido mío, todo el mundo ha cometido errores. Estás perdonado, pero yo no puedo forzar este perdón. Decídete”. El verdadero guerrero de la luz acepta el perdón, y empieza a tomar algunas precauciones. Como nada cambia de la noche al día, el guerrero da un nuevo paso en falso y se lanza una vez más al abismo. Los fantasmas lo provocan, la soledad lo atormenta. Como ahora es más consciente de sus actos, no pensaba que pudiera volver a suceder esto. Pero sucedió. Envuelto en la oscuridad, se comunica con su maestro. “Maestro, he caído de nuevo en el abismo”, dice. “Las aguas son profundas y oscuras”. “Recuerda una cosa”, responde el maestro. “Lo que ahoga no es la zambullida, sino el permanecer bajo el agua”. Y el guerrero emplea el resto de sus fuerzas para salir de la situación en la que se encuentra. Un guerrero de la luz no se limita a repetir siempre la misma lucha. Si, después de algún tiempo, el combate sigue sin avances ni retrocesos, comprende que hay que sentarse con el enemigo y buscar una tregua. Ambos ya practicaron el arte de la espada, y ahora necesitan entenderse. Es un gesto de dignidad, no de cobardía. Es un equilibrio de fuerzas, y un cambio de estrategia. Trazados los planes de paz, los guerreros vuelven a sus casas. No necesitan demostrar nada a nadie. Libraron el buen combate, y mantuvieron la fe. Cada uno cedió un poco, aprendiendo así el arte de la negociación. (O)<a href="http://www.paulocoelhoblog.com" rel="nofollow" target="_blank">www.paulocoelhoblog.com</a>