Durante la primera semana de marzo se reunieron, en una de las dos ciudades argentinas llamadas Colón, unas cuantas personas que piensan que la tierra es plana. Había, como es lógico, mayoría de argentinos, dos catalanes, un chileno y un paraguayo.

El lugar de la reunión fue el cobertizo para asados de un club de la localidad. En las fotos más panorámicas de la reunión aparecían 30 personas, entre las que hay que contar algunos periodistas que inexplicablemente fueron a cubrir esta tontería. En esos días la reunión de los terraplanistas salió en todos los canales de televisión de Buenos Aires y en todos los diarios y programas de radio. Lo curioso es que ninguno de los periodistas contó que son cuatro gatos afiebrados, convencidos de que hay un inmenso complot internacional para engañarnos a todos desde la época de Ptolomeo. Los periodistas asistieron a la reunión y entrevistaron a los asistentes como si se tratara de un congreso de cardiología. No importa ahora rebatir los argumentos estúpidos y afiebrados de los terraplanistas porque intentarlo nos pondría a su altura, como se pusieron los periodistas y los medios que dedicaron espacio y tiempo a esta imbecilidad.

Los terraplanistas no son una novedad. Con viejas y nuevas tonterías de cualquier clase aparecen a cada rato en la historia de la humanidad, porque en todas las generaciones hay gente que necesita ser protagonista aunque sea de un segundo de esa historia. Eso son los terraplanistas de hoy en día, pero hay cientos de nombres para la imbecilidad humana de todos los tiempos; no vale la pena ni mencionarlos, aunque yo mismo esté cayendo ahora en la trampa de los que no pueden vivir sin llamar la atención, aunque sea con una estupidez.

Los terraplanistas se reunieron a propósito en la ciudad de Colón y en el año en que se conmemoran los cinco siglos de la gesta de Hernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano y los valientes navegantes que el 10 de agosto de 1519 zarparon de Sevilla en cinco naves para dar la vuelta al mundo. Lo lograron 18 de los 239 tripulantes que se embarcaron. Sabían ya de sobra que la tierra era una esfera y conocían de latitudes y longitudes como para no perderse: salieron a buscar un paso entre lo que hoy llamamos Atlántico y Pacífico, para llegar a las islas de las especias por el lado español del tratado de Tordesillas, que dividía en dos el planeta. Pero el viaje resultó más largo y penoso de lo que se imaginaban, así que decidieron volver desde las actuales Filipinas por el camino más conocido, que era el lado portugués del globo terráqueo, pero había que escaparse de ellos escondidos en la inmensidad de los océanos. Llegaron de vuelta a Sevilla el 8 de septiembre de 1522, gracias a la suerte, al dulce de membrillo y al clavo de olor, pero eso es otra historia. Fue así como esos campeones del siglo XVI dieron por primera vez la vuelta entera a la redondez de la tierra. (O)

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