En la ciudadela Riosol, en el norte de Guayaquil, la vida transcurre en un espacio acogedor donde las viviendas se conectan por calles cortas y varios parques con zonas verdes a su alrededor.

Allí juegan niños pequeños y, hasta hace algunos meses, era habitual ver gatos descansando en veredas o caminando entre los jardines de las casas en las villas.

Publicidad

Sin embargo, desde octubre del año pasado, varios vecinos comenzaron a notar un patrón que hoy los mantiene en alerta y con inquietud.

Mascotas que estaban en aparente buen estado enfermaban de forma repentina y morían en cuestión de horas. Con el paso de los meses, los casos se acumularon y la preocupación de los vecinos también.

Publicidad

Según el recuento de los residentes, al menos quince animales han muerto, entre ellos catorce gatos y un perro.

Vista general de la ciudadela del norte de Guayaquil donde vecinos reportan una secuencia de muertes de mascotas desde octubre. Foto: José Beltrán

Diego Guerrero, de 31 años, fue uno de los primeros afectados. Perdió a sus dos gatos en momentos distintos. El primero fue Bruno, de 3 años.

“Llegamos cerca de la medianoche y el gatito ya estaba con síntomas. Tratamos de llevarlo al veterinario y cerca de las 04:00 falleció”, relató.

Él nos comenta que no pudo hacer nada. “Fue en cuestión de horas. No sabíamos qué estaba pasando”, agregó.

Meses después, a inicios de febrero de este año, ocurrió lo mismo con su segunda gatita, Princesa, de 1 año. “Llegaba del trabajo cerca de las 19:00. Mi mamá me llamó y me dijo que estaba con síntomas. La llevamos y casi a la medianoche murió tratando de hacerle tratamiento”, expuso.

Para él, la repetición es lo que más le preocupa. “No es que pasó una sola vez. Desde octubre se ha dado repetidamente. En la misma semana que murió la mía, también falleció el gato de la vecina. Fue en una hora y media; no alcanzaron a hacerle nada”, apuntó.

Bruno, uno de los gatos que fallecieron en octubre y que fue cremado por su familia tras presentar síntomas repentinos. Foto: Ana Encarnación

Su pareja, Kyara Cerezo, fue quien realizó los reportes. Se comunicó con el 181, el ECU911 y con la Dirección de Bienestar Animal.

Incluso intentó presentar el caso ante la Fiscalía, donde les indicaron que no correspondía a esa entidad. La primera denuncia fue telefónica; la segunda quedó registrada formalmente.

Desde el Municipio confirmaron que existe una denuncia en revisión y que el último acercamiento fue el pasado 8 de febrero. Señalaron que se requiere mayor evidencia para continuar con la investigación.

“Uno siente impotencia”, expresó Diego. “Llamas, explicas lo que pasó y te dicen que necesitan más pruebas. Pero ¿cómo conseguimos pruebas si no sabemos quién lo está haciendo?”, sostuvo.

Días después de los últimas muertes, en uno de los parques internos apareció un plato con comida en estado de descomposición, lleno de gusanos. Es un espacio donde suelen caminar las mascotas del sector. Los vecinos tomaron fotografías y las guardan como respaldo. “Después de todo lo que ha pasado, encontrar comida así en el parque no es normal”, dijo.

Plato con alimento en estado de descomposición hallado en uno de los parques internos de la ciudadela. Vecinos tomaron la imagen como parte de las evidencias que entregarán a las autoridades. Foto: Cortesía de moradores

En esa misma semana también encontraron ratas muertas en el techo de una vivienda. La coincidencia aumentó la preocupación. En la urbanización hay niños pequeños que juegan en patios y áreas comunes. “No es solo por los gatos. Si están poniendo algo tóxico, es un riesgo”, añadió.

Roedores sin vida encontrados en el techo de una vivienda del sector durante la misma semana en que se reportaron nuevas muertes de mascotas. Foto: Cortesía de moradores

Keyla Mendoza, de 26 años, perdió a su gata Carlota el pasado 8 de febrero. La describe como su primera mascota. “Ella dormía conmigo; era mi compañía cuando trabajaba desde casa”, manifestó. Esa mañana, alrededor de las 10:00 u 11:00, notó que algo no estaba bien. “Comenzó a vomitar, a salivar, estaba agitada. Fue demasiado rápido. No sabía qué eran los síntomas”, puntualizó.

La llevaron a una veterinaria, pero el desenlace fue inmediato. “Me indicaron que el veneno puede actuar en media hora. Ya había pasado tiempo”, añadió. La voz se le quiebra al recordar el momento. “Ver a tu ser querido envuelto en una mantita es duro”, expresó.

Al menos quince animales han muerto desde octubre en la ciudadela Riosol. Existe una denuncia en revisión y los vecinos recopilan evidencias para que el caso avance. Foto: José Beltrán

En un parque frente a su vivienda enterraron a Carlota. Otros vecinos hicieron lo mismo con sus animales fallecidos. Son espacios pequeños, señalados con una planta o una piedra. No existe un cementerio formal; son decisiones tomadas en medio de lo que está sucediendo en la ciudadela.

Luego de su caso, varios moradores comenzaron a organizarse recopilando pruebas para presentar sus denuncias. “Queremos que se investigue y que no vuelva a pasar”, señaló Keyla. “No soy la única afectada. Hay más vecinos que han perdido a dos o tres gatos”, enfatizó.

Mientras la denuncia permanece en revisión, muchas familias han optado por no dejar salir a sus mascotas. El parque sigue siendo el mismo lugar de encuentro, pero ahora es observado con cautela. Los residentes esperan que la recopilación de evidencias permita que el proceso avance y que se determine si existe responsabilidad en estos hechos antes de que se registren nuevos casos. (I)

En un área del parque interno, varias familias enterraron a sus gatos tras los casos registrados desde octubre. Foto: José Beltrán