Violeta empezó a olvidarse de actividades diarias y básicas, como bañarse, cepillarse los dientes e ir al baño. Sus hijas se percataron de la desorientación que tenía, incluso dentro de su casa.
La adulta mayor fue diagnosticada hace tres años con alzhéimer. “Ella era una mujer muy activa, realizaba demasiadas actividades. Empezó con el problema de ubicación, ya no se encontraba ni dentro de su propia casa, se perdía. Ella no nos recordaba a nosotras, no recordaba a los familiares; recordaba sus tiempos de adolescencia”, contó una de sus hijas.
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“Ya no era mi mamá. Es lo que puedo decir, no era ella”, subrayó.
Violeta es una de las personas que acuden al centro terapéutico Memoria Viva, que funciona en el Hogar Corazón de Jesús de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, y trabaja con pacientes que sufren esta enfermedad. Este jueves, 22 de enero, en el hogar donde funciona este espacio se desarrolló una charla para sensibilizar sobre el alzhéimer y su prevención.
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Vanessa Zambrano, jefa técnica del segmento Hogares de la Junta de Beneficencia, dijo que el deterioro cognitivo y la demencia son condiciones irreversibles. En el hogar al menos el 50 % de los usuarios presentan algún signo o síntoma de deterioro cognitivo.
Sin embargo, hoy en día existen estrategias que permiten intervenir para ralentizar su avance y mejorar la calidad de vida de las personas que las padecen.
En este contexto, citó que la humanización del trabajo con las personas mayores se ha convertido en un eje fundamental de la atención integral que se ofrece en el hogar.
“La demencia no aparece únicamente a partir de los 65 años. Existen casos registrados desde los 50 años e incluso en edades más tempranas, aunque estos últimos son menos frecuentes”, expuso Zambrano.
Por ello, manifestó que es importante abrir espacios de diálogo y educativos porque esta enfermedad no solo involucra a los adultos mayores, sino también a la población joven, especialmente en un contexto donde la pirámide poblacional se está invirtiendo.
“Se busca promover la detección temprana y evitar la normalización de síntomas que no forman parte del envejecimiento natural”, mencionó.
Entre los signos de alerta que deben detectar los cuidadores están olvidos frecuentes, confusión mental, cambios de conducta, falta de juicio o comportamientos socialmente inadecuados.
En ese sentido, durante la charla se puntualizó que reconocer estos cambios y acudir a un profesional de la salud, como un neurólogo, es clave para obtener un diagnóstico adecuado y definir un tratamiento no farmacológico oportuno.
Actualmente, el centro que funciona en el Hogar Corazón de Jesús atiende a unas 25 personas con este diagnóstico.
Los adultos mayores están distribuidos en dos grupos: quince con deterioro cognitivo leve y diez con deterioro moderado. Esta división responde a las necesidades de atención, ya que los casos moderados requieren un acompañamiento más personalizado.
Los beneficiarios del servicio que se ofrece en este espacio trabajan en reminiscencias, actividades de estimulación cognitiva y terapia sensorial. (I)