Un hombre ingresó al negocio de venta de artículos químicos, comenzó a dialogar con el trabajador encargado del sitio y luego arrebató $ 95 que se había recolectado de las ventas de ese establecimiento situado diagonal a un punto policial, en el sector de Sauces 1, en el norte de Guayaquil

Luego de ese episodio, el trabajador con la colaboración de otras personas lograron aprehender al malhechor, recuperar parte del dinero robado y conseguir que la Policía lo lleve detenido. La dueña del negocio, Jéssica, accedió a poner la denuncia del robo por la insistencia de los uniformados, según ella.

Para sorpresa de ellos, después de tres días, el supuesto antisocial volvió a aparecer en el negocio y llegó a decirles que él pertenecía a una banda. Desde ese nuevo suceso, ella decidió cerrar el negocio que apenas llevaba tres semanas abierto.

Ahora, la mujer convive en estos días con nerviosismo y temor, por lo que prefiere seguir trabajando solo con envíos a domicilio desde su centro de operaciones, situado en otro lado.

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“Sentimos que estamos en una ciudad de nadie, nadie apoya, las leyes están para los ladrones, ellos están más protegidos que nosotros. El policía hace su trabajo, pero el juez determina el caso y deja libre solamente porque fueron $ 10, que no fue una fuerte cantidad. Incluso (después de que salió libre) llegó con caramelos (al negocio) y me obligó a comprarle. De los nervios le compré”, relató Jéssica, quien lamentó otros casos de robos en diferentes áreas de Sauces.

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Varios comerciantes de esa zona que limita entre Sauces 1 y la cuarta etapa de la Alborada toman recaudos ante los problemas de seguridad que se dan en ese sector, así como en otros de la urbe. En esa zona, específicamente, suelen ocurrir hurtos en los locales aprovechando alguna distracción de los trabajadores, indicaron varios colaboradores de los negocios.

Por ejemplo, Brayan, colaborador de una tienda, dijo que están en alerta. Allí procuran cerrar una hora antes de lo acostumbrado (23:00) y mantienen a dos ayudantes para vigilar los movimientos de los asistentes. Para ello, uno de los colaboradores está adentro y el otro en la zona exterior, para alertar en caso de robos a los policías de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) situada cerca del negocio.

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En una tienda, Alondra Guarín, quien lleva dos años trabajando en otro local de abastos, comentó que suelen presentarse hurtos de ciertos artículos. Por ello, desde hace dos meses decidió instalar cámaras de seguridad en el negocio, para identificar a las personas que aprovechan un descuido para llevarse alguna mercadería. “Tenemos cámaras, eso como que ahuyenta un poco la situación, se ha puesto bastante peligrosa la zona”, indicó.

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En una farmacia de la zona también se instalaron cámaras de seguridad y al momento del cierre, el dueño del negocio asiste para ayudar a la persona encargada en ese horario desde la época de la pandemia, contó Irma, colaboradora del lugar. Asimismo se acortó el horario de cierre, una hora, a las 22:00, como medida preventiva.

El colaborador de otro establecimiento comercial, Franklin Ordóñez, consideró que el problema de que queden libres los antisociales seguirá repitiéndose, como un círculo vicioso, hasta que desde el Poder Legislativo (Asamblea Nacional) se endurezcan las leyes en contra de quienes cometan delitos. Lamentó que al poner la denuncia, incluso familiares de los señalados por algún caso ilícito obtienen datos del afectado para ir a la dirección del domicilio y amenazarlo.

Otros moradores comentaron que en los parques y peatonales de Sauces 1 deberían reforzarse las rondas policiales a pie o en moto, ya que en ciertas ocasiones se dan robos a transeúntes. Algunos prefieren evitar salir de sus hogares, sobre todo, en horario nocturno por temor a sufrir asaltos.

La tarde del pasado viernes, varios vehículos policiales rondaban en la avenida principal. (I)