La muerte de Maikel, el niño de 11 años que falleció ahogado al caer a una alcantarilla destapada en Flor de Bastión, mantiene con profunda conmoción a vecinos y familiares. Este jueves se realizó su velatorio en medio de escenas de dolor.
En el portal de la vivienda familiar, Germán Loor, tío del menor, permanecía sentado en una silla plástica con los brazos apoyados en las piernas mientras sostenía un vaso de café.
Tenía los ojos colorados y ojeras pronunciadas, producto del desvelo de una noche marcada por el dolor. Dentro estaban velando a su sobrino. Su mirada estaba clavada en el piso. En su mente rondaban los recuerdos de la noche anterior a la tragedia.
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Era ya muy tarde el martes anterior, cerca de las 22:00, cuando en el portal de su casa, en Flor de Bastión, instaló una mesa y dos sillas, una para él y otra para el protagonista de aquella velada, su sobrino Maikel, quien se aventó un monólogo de chistes, acaparando toda su atención.
Deteniéndose y tomando un largo respiro, Germán dijo: “Eso, es eso lo que más voy a extrañar: sus chistes. Era un muchacho muy alegre, y hacía reír a todos con sus ocurrencias”.
Y como último acto, Maikel se levantó y se asomó a una de las ventanas del hogar, divisó a su tía en el interior y desde fuera le lanzaba pequeñas piedras. Ambos gozaban con los regaños que se oían desde el interior.
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A pocos metros, en el velatorio, Rosa Moreno, abuela de Maikel, permanecía sentada al borde del portal con la cabeza apoyada en la pared. La mujer recibía apoyo psicológico de personal del Ministerio de Desarrollo Humano (MDH).
Semanas atrás, el niño había terminado la primaria tras aprobar el séptimo grado y esperaba iniciar la secundaria. Durante las vacaciones pasaba las tardes jugando en la calle con su hermano y amigos.
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“Él llegaba y me decía: ‘Voy a sacar siempre bueno, quiero que tú estés orgullosa, mami’”, recordó entre lágrimas.
Rosa también evocó un momento que compartieron luego de la muerte de su esposo. Entonces, el pequeño se acercó a ella para prometerle que jamás la dejaría sola.
“Yo solo pienso en lo desesperante que tuvo que haber sido para él. Mi niño, y yo no estaba ahí para ayudarte”, lamentó.
El menor jugaba con su hermano mientras llovía cuando ocurrió la tragedia. Equipos de rescate de bomberos lo buscaron durante varias horas hasta que lo hallaron sin vida.
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El hecho ocurrió alrededor de las 17:00 del miércoles pasado, en medio de la lluvia que caía sobre la zona. Según relataron allegados, el menor se acercó a la abertura del sistema de drenaje y, por un infortunio, terminó cayendo en su interior.
Tras conocerse lo ocurrido, unidades de rescate del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil llegaron al sitio e iniciaron una intensa búsqueda.
Durante varias horas destaparon distintas alcantarillas del sector con la esperanza de encontrar al menor. Cerca de las 23:00, vecinos alertaron de la presencia de su cuerpo en un ducto.
Esta mañana, personal del Ministerio de Desarrollo Humano acudió al lugar y ofreció a la familia un ataúd, una bóveda, un bono de contingencia y víveres como parte del apoyo brindado tras la tragedia. Mañana, su familia y vecinos planean darle el último adiós, entre dolor y recuerdos de su alegría. (I)



