Cuando Patricia Zeas de Alarcón empezó a trabajar con niños tenía apenas 19 años y todavía era estudiante universitaria. Estudiaba educación de párvulos y, al mismo tiempo, ya estaba frente a un grupo de pequeños en un jardín infantil. Aquella coincidencia entre estudio y trabajo marcaría su vida durante las siguientes cuatro décadas.

“Tenía la teoría de la universidad y tenía la praxis con los niños”, recuerda.

Su primer empleo fue en el jardín Vida Nueva. Allí llegó por recomendación de una compañera que le avisó que necesitaban una maestra para kínder. Antes de iniciar el año escolar pasó varias semanas preparando planificaciones y organizando el aula sin conocer todavía a los niños que llegarían.

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Ese primer curso tenía alrededor de veinte alumnos. Patricia aún recuerda algunos nombres: Carla, Mireya, Denise, Ernestito. Con los años, aquellos niños crecieron y hoy rondan los 40 años. A veces se los encuentra en la calle. “Cuando me ven me dan un abrazo”, dice notablemente emocionada.

Su trayectoria en la educación pública

Tras graduarse tuvo la oportunidad de dirigir un jardín particular, pero decidió tomar otro camino. Consideraba que antes de asumir una dirección necesitaba experiencia directa con los estudiantes. Por eso optó por trabajar en el jardín fiscal Blanca Gilbert de Intriago, en el sector de Los Esteros. Allí permaneció por 15 años.

El contraste con su propia formación fue evidente. Patricia había estudiado en instituciones particulares y ahora trabajaba con niños que llegaban desde sectores como Fertisa. Recuerda a madres cruzando pasarelas de caña para llevar a sus hijos a clases y a estudiantes que llegaban con los zapatos cubiertos de lodo.

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La educadora trabajó como docente, directora y rectora, además de formar maestros en la universidad. Foto: Francisco Verni Peralta

Aquella realidad le permitió comprender otra dimensión de la educación. “Una cosa es haberse educado en un colegio particular y otra muy distinta conocer esa realidad. Yo admiraba a esos niños”, remarca.

En ese jardín fiscal comenzó a implementar espacios de aprendizaje basados en el juego y la exploración. Con el apoyo de los padres de familia y de la directora fueron construyendo materiales para el aula.

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“Te entregan un salón con bancas y sillas, nada más. Pero eso no debe detenerte”, afirma.

El salto a la docencia universitaria

Mientras enseñaba en el sistema fiscal, su carrera universitaria seguía creciendo. Una de sus profesoras en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil propuso que Patricia asumiera una cátedra cuando apenas tenía 21 años.

El reto le produjo miedo y entusiasmo al mismo tiempo. Durante el día trabajaba con niños pequeños y por la tarde impartía clases a estudiantes universitarias que se preparaban para ser educadoras.

“Tenía alumnas de más de treinta años y yo apenas tenía veintiuno”, recuerda. Su vínculo con la universidad se extendió durante 36 años. Allí fue docente, dirigió tesis y llegó a ser directora de la carrera de pedagogía durante siete años.

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Roles de liderazgo y gestión

Con el tiempo su trayectoria incorporó nuevas responsabilidades. Fue directora del preescolar y la primaria del Liceo Panamericano durante quince años. Luego trabajó en la Subsecretaría de Educación de la zona 8, donde pudo observar de cerca las condiciones de muchas instituciones educativas.

Aquella experiencia le permitió recorrer sectores donde las escuelas funcionaban en instalaciones provisionales. “Había lugares que funcionaban en contenedores. Esa realidad también forma parte del sistema educativo”, menciona.

Después de ese periodo asumió un nuevo reto profesional: la rectoría de la Unidad Educativa Abdón Calderón, en Samborondón. Permaneció nueve años en ese cargo, acompañando el trabajo de decenas de docentes y cientos de estudiantes.

Para Patricia, dirigir instituciones educativas significó trabajar con tres grupos al mismo tiempo: estudiantes, familias y profesores. “El docente también necesita ser escuchado, valorado y acompañado”, explica.

Patricia Zeas inició su labor docente a los 19 años y dedicó más de cuatro décadas a la educación. Foto: Francisco Verni Peralta

Una vida dedicada a la formación continua

A lo largo de su carrera defendió la idea de que la educación requiere formación constante. Por esa razón continuó estudiando mientras trabajaba. Obtuvo una licenciatura en supervisión y administración educativa, una maestría en educación a distancia y un doctorado en ciencias de la educación.

También participó en congresos internacionales de educación infantil en ciudades como Madrid, Valencia, El Salvador y México. Aquellas experiencias le permitieron intercambiar ideas con docentes de distintos países.

“Me di cuenta de que en todas partes los maestros tienen preocupaciones similares”, dice.

Su trabajo se extendió además al ámbito editorial. Fue coautora del material educativo A gustito con Gus, dirigido a educación inicial, y participó en la elaboración de propuestas pedagógicas para instituciones educativas como Estrategias para aprendizajes del colegio IPAC. Además de su propio libro Juego, pienso y Aprendo con Ana y Paco.

Jubilación activa y legado educativo

Zeas deja un espacio para agradecer a su familia por el apoyo constante a lo largo de los años como profesional, a su esposo Julio y a su hija Jennifer. Tras 42 años de docencia decidió jubilarse, aunque su relación con la educación no terminó. Continúa dando asesorías a instituciones y ofreciendo cursos para docentes. “Jubilarse no es dejar de enseñar. Es compartir lo que uno ha aprendido”, menciona.

En esta etapa de su vida también ha descubierto nuevas actividades. Practica flamenco, participa en clubes de lectura, pinta y dedica tiempo a observar las plantas de su jardín, algo que antes no podía hacer con calma debido a sus jornadas laborales.

A pesar de la jubilación, mantiene contacto con antiguos estudiantes. Algunos se han convertido en colegas y la consultan sobre temas educativos.

Cuando se le pregunta qué espera de quienes pasaron por sus aulas, Patricia responde con un mensaje que resume su visión de la enseñanza. “Que sean buenas personas, que se preocupen por los demás y que recuerden que alcanzar una meta requiere esfuerzo, paciencia y valores.”

Después de más de cuatro décadas en la educación, Zeas considera que enseñar nunca fue solo una profesión. Fue una forma de acompañar el crecimiento de otros y, al mismo tiempo, de seguir aprendiendo. (I)