Entre los fieles que despiden al padre Alfonso Avilés Pérez hay una frase que se repite: “Al ataque”. Las dos palabras eran algo típico que solía enunciar después de las confesiones o durante las homilías.
Gerardo Barros recuerda que la primera vez que escuchó el “Al ataque” fue cuando, muy afligido, llegó a confesarse con Avilés y este le aconsejó que no se dejara caer a pesar de que el escenario pareciera no tener solución.
“Él me escuchó y luego, cuando me dijo ‘Al ataque’, algo se activó en mí. Es durísimo venir a la iglesia a despedirlo, cuando él fue quien más me acercó a la Iglesia”, manifestó.
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Avilés, oriundo de Murcia (España), murió el pasado 13 de marzo al salvar a dos jóvenes en el balneario de Playas. Junto con él falleció el padre Pedro Anzoátegui, por quien también se pidió durante la misa de cuerpo presente este sábado, 14 de marzo.
“Su risa, su deseo de que todos alcancemos la santidad es lo que más nos va a faltar; lo que más nos va a costar es llegar a la iglesia y no verlo”, dijo Renata Alvear.
“Gracias, padre Alfonso. Gracias por su cariño y su amor. Es una bendición haberlo conocido, haber contraído matrimonio y que haya sido mi consejero por tantos años”, declaró María Paz Gallardo de Zea.
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Su legado y su ministerio
El padre Alfonso Avilés dedicó 30 años al sacerdocio y ocho años al servicio de la comunidad parroquial de Daule.
En Latinoamérica sirvió, especialmente, en Santiago de Chile y Ecuador.
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Antes de su llegada a la parroquia San Alberto Magno ejerció también su ministerio como párroco de la parroquia Santa Teresita, en Entre Ríos, donde acompañó pastoralmente a la comunidad y fortaleció la vida de fe de numerosas familias.
En junio de 2017 asumió como párroco de la parroquia San Alberto Magno. En este lugar guio iniciativas de catequesis familiar, adoración eucarística y formación de monaguillos. Según los fieles, estos fueron los pilares fundamentales de su misión evangelizadora y lo que se recordará siempre.
“Su legado es que él quería que todos fuéramos santos y él trabajaba en nuestros corazones para que lo lográramos”, añadió una feligresa.
Galo Flor, coordinador de catequesis de la parroquia, dijo que bajo su liderazgo se fortaleció la vida parroquial a través de iniciativas comunitarias y pastorales, así como la participación activa de diversos movimientos laicales.
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“Él fue quien promovió, fue el mentalizador de la capilla de adoración perpetua. Eso quedará siempre para nosotros, para recordarlo”, contó Flor, quien recordó que junto con él se construyó lo que es ahora la iglesia, pues antes las misas se oficiaban en La Piazza de Villa Club. Fue promotor vocacional y quien impulsó la construcción de las salas de catequesis.
En 2018 coordinó la primera comunión de cerca de 200 niños, proyectando un crecimiento aún mayor para los años siguientes.
Durante su ministerio organizó y animó grandes celebraciones de fe, como la procesión de Corpus Christi, aniversarios parroquiales, maratones de adoración, bodas comunitarias y encuentros culturales y deportivos.
Para 2021, su labor parroquial recibió un reconocimiento del Municipio de Samborondón por su aporte espiritual y comunitario en la zona.
“El padre Alfonso siempre te motivaba a estar al ataque; era como su frase de motivación para bendecir los alimentos, para darte ánimos, para alentarte a vivir. Su ‘Al ataque’ será eterno”, dijo Micaela Aguas.
Para los fieles de la parroquia, su pérdida es dolorosa, pero a la vez será la muestra de que “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.
“Él fue y será el ejemplo de amar al prójimo y de dar la vida para salvarnos, porque él salvó a un joven, pero a todos nos salvó de muchas maneras”, agregó Jhonny Páez. (I)


