En un ambiente cargado de emoción y simbolismo, el coliseo del colegio Javier fue el escenario donde este viernes, 27 de febrero, se graduaron 83 estudiantes: 75 del bachillerato en ciencias y 8 del bachillerato internacional.
La ceremonia se desarrolló en medio de autoridades educativas, maestros, familiares y amigos que acompañaron a los jóvenes en uno de los momentos más importantes de su vida académica.
Las gradas se llenaron de rostros orgullosos, lágrimas discretas y gestos de celebración. Entre ellos destacó la familia de María Paula Murillo, de 18 años, quienes no ocultaron su emoción al ver a la joven recibir uno de los reconocimientos más significativos de la jornada.
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Incluso llevaron una pancarta en señal de apoyo, como muestra del orgullo que sienten por su hija tras quince años de formación en la institución.
María Paula fue reconocida con el anillo de oro de la promoción 65, un símbolo que, según explicó, representa “todas las cualidades javerianas que hemos formado como estudiantes, deportistas y jóvenes en la espiritualidad”.
Para ella, el galardón no solo resume el esfuerzo académico, sino también un proceso de crecimiento personal que la ha acompañado desde la infancia. “Es un gran honor porque refleja lo que somos como comunidad”, expresó.
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Con la mirada puesta en el futuro, la joven contó que su próximo paso será continuar su formación fuera del país.
Su meta es estudiar Ingeniería en Software y seguir preparándose profesionalmente, con la intención de aportar al mundo desde su vocación.
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“Quiero seguir educándome, salir al exterior y poder seguir sirviendo, como san Francisco Javier y los lemas javerianos nos inspiran”, afirmó.
Al hablar de su familia, reconoció que han sido su principal soporte emocional: “Son ellos quienes me han visto sufrir por tareas o estresarme, pero siempre me han mantenido en pie para terminar esta etapa”.
Otro de los protagonistas de la jornada fue Raúl Villegas, también de 18 años, quien definió este momento como el inicio de un nuevo desafío personal.
Con entusiasmo, aseguró sentirse lleno de motivación para alcanzar sus objetivos.
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“Quiero ser un buen empresario, marcar una diferencia y lograr que mi familia se sienta orgullosa de mí; pero, sobre todo, cumplir mis metas y sentirme orgulloso de mí mismo”, dijo.
Raúl sueña con estudiar Finanzas, una carrera que, según explicó, conecta con su historia familiar. Su padre es economista y ha sido una figura clave en su formación.
“Siempre tuve esa rama de saber manejar el dinero. Mi papá es un pilar enorme, una figura de respeto y de amor. Lo admiro demasiado”, expresó.
Aunque reconoció que el futuro genera nervios e incertidumbre, se muestra confiado en su preparación.
“No sé qué va a pasar después de esto, pero sé que soy una persona preparada y que voy a poder con todo”, aseguró.
El tercer testimonio que refleja el espíritu de esta promoción es el de Mateo Sado, de 18 años, quien proyecta su vida académica en el exterior.
Su objetivo es estudiar Diseño de Producto, una carrera que conecta con su historia familiar y su pasión por las artes.
“Desde pequeño sentí una gran conexión con la arquitectura y la expresión artística. Es algo que se vive en mi familia y siento que este es el camino correcto para mí”, explicó.
Para Mateo, uno de los aspectos más difíciles de dejar atrás será la comunidad educativa. “Somos como una familia. Eso de segundo hogar no es un decir: se siente de verdad”, afirmó.
Reconoció también el papel fundamental de sus padres en este proceso: “Su apoyo incondicional ha sido una base muy importante para poder desarrollarme académica y personalmente”.
Frente a la incertidumbre del futuro, señaló que los valores aprendidos en el colegio le han dado herramientas para enfrentar los cambios con calma, paciencia y discernimiento.
La graduación no solo marcó el cierre de un ciclo académico, sino el inicio de nuevas historias personales.
Entre abrazos, recuerdos y promesas de reencuentros, los 83 bachilleres dejaron atrás las aulas para abrirse paso en el mundo universitario y profesional, llevando consigo no solo conocimientos, sino experiencias, amistades y una identidad construida a lo largo de años de formación.
La jornada quedó marcada como un día de despedidas, pero también como el primer paso hacia los sueños que cada uno comienza ahora a construir.
En estos días, con el cierre del ciclo escolar en el régimen Costa, otros colegios de Guayaquil también replican sus ceremonias de graduación en sus instalaciones. (I)



