En la intersección de las calles 6 de Marzo y Venezuela, en el centro de la ciudad, Eduardo Salazar ha dedicado buena parte de su vida a la comercialización de bacalao.

Con 74 años, el vendedor acumula alrededor de tres décadas en el negocio desde su propia vivienda, donde acondicionó una pequeña bodega para continuar con su actividad tras haberse jubilado.

“Yo vendiendo bacalao tengo más o menos unos 30 años”, comenta Salazar mientras atiende a los clientes que se acercan a su negocio.

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El comerciante explica que la idea de instalar la bodega surgió después de retirarse de su trabajo formal. “Soy jubilado y para no tener una situación de apremio decidí hacerlo. Ya llevo años y la gente me conoce”, señala.

La venta de este pescado no se limita únicamente a las semanas previas a la celebración religiosa de la Semana Santa. Salazar asegura que mantiene el negocio activo durante todo el año, aunque reconoce que la demanda aumenta considerablemente cuando se acerca la fecha en la que muchas familias preparan fanesca.

“Esto va de menos a más. Mientras más cerca está el día santo, más se mueve”, expresa. A pocas semanas de la celebración, el comerciante percibe un incremento progresivo en el interés de los compradores. “Ya estamos a dos semanas y la demanda está creciendo”, añade.

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Precios y clientela del bacalao de Salazar

Salazar mantiene sus productos listos para la venta. Foto: José Beltrán

El bacalao que comercializa llega principalmente de Galápagos. Según relata, el producto se transporta por vía aérea hasta Guayaquil. “Este pescado viene de Galápagos. Traigo bacalao y también lisa”, manifiesta.

El precio del bacalao actualmente varía entre $ 9 y $ 10 por libra, mientras que la lisa se comercializa en alrededor de $ 6. Salazar advierte que el costo puede incrementarse conforme se acerca la Semana Santa debido a que los envíos suelen disminuir en ese periodo.

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“Mientras más cerca, más caro, porque despachan menos desde Galápagos”, declara. El comerciante detalla que el negocio implica una inversión considerable, sobre todo cuando hay que abastecerse con suficiente producto para cubrir la demanda de la temporada.

Además del bacalao, Salazar también vende otros mariscos durante el resto del año, siempre respetando las temporadas permitidas. Camarón, corvina y langosta forman parte de la oferta habitual en su pequeño local.

El bacalao que comercializa ya llega procesado. El pescado es sometido a un método tradicional de conservación que consiste en salarlo y secarlo, lo que permite mantenerlo en buen estado durante largos periodos.

“Yo ya lo recibo terminado, seco para la venta”, apunta. Cuando no se vende inmediatamente, el producto se conserva envuelto y congelado, lo que permite extender su duración. “Si no lo vendo, lo guardo en el congelador y puede durar bastante tiempo”, comenta.

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Aunque en Ecuador el consumo de este pescado está fuertemente asociado a la fanesca, Salazar recuerda que el bacalao también puede utilizarse en otros platos. “Se puede preparar a la vizcaína, en picadillo o en diferentes recetas”, señala.

En cuanto a su jornada de trabajo, el comerciante sostiene que atiende prácticamente durante todo el día. “Estoy desde las 07:00 y cierro cuando ya no vienen clientes”, dice.

Con el paso de los años ha logrado consolidar una clientela fiel. Salazar calcula que alrededor de 2.500 personas han comprado en su negocio en algún momento, muchas de ellas de forma recurrente. “La gente viene por la tradición y por la calidad”, afirma.

La fanesca y la Semana Santa de 2026 en Guayaquil

Mientras en este punto del centro de la ciudad la venta comienza a tomar ritmo, en otros sectores de Guayaquil el producto aún no llega a los puestos. En el mercado de Sauces 9, por ejemplo, comerciantes indican que todavía no disponen de bacalao.

Los vendedores del mercado explican que esperan recibir el pescado a mediados o finales de marzo, cuando el movimiento comercial antes de la Semana Santa se intensifique.

La fanesca es uno de los platos más representativos de la gastronomía ecuatoriana durante esta temporada. Se trata de una sopa espesa preparada con granos tiernos, zapallo, leche, maní y pescado salado —principalmente bacalao— que tradicionalmente se comparte en familia durante la Semana Santa.

Esta celebración religiosa, que recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, se desarrollará en 2026 entre el 29 de marzo (Domingo de Ramos) y el 5 de abril (Domingo de Resurrección), siendo el 2 de abril Jueves Santo y el 3 de abril Viernes Santo, días centrales de conmemoración.

La expectativa es que conforme se acerquen los días de la celebración religiosa la demanda se incremente en toda la ciudad.

Como ocurre cada año, la preparación de la fanesca volverá a reunir a familias en torno a una tradición culinaria que combina historia, fe y gastronomía.

Mientras tanto, comerciantes como Eduardo Salazar ya se preparan para uno de los momentos más importantes de su calendario de ventas. (I)