Viviendas, locales comerciales, templos y edificios icónicos marcan el panorama a lo largo de la calle 10 de Agosto, que se inicia en la calle 14 (Yaguachi) y se prolonga en 41 cuadras hasta terminar al pie del malecón Simón Bolívar y la torre Morisca, al borde del río Guayas.

Esta vía, que se extiende por 3,3 kilómetros de oeste a este, evoca el inicio de la emancipación del yugo español, marcado en el calendario el 10 de Agosto de 1809. Un centenario después de esa fecha, el 2 de julio de 1909, la calle fue bautizada con su actual nombre por conmemorar la gesta conocida como Primer Grito de Independencia.

Precisamente, en esta arteria céntrica, los patriotas del 9 de Octubre de 1820 desarrollaron algunas acciones para rebelarse contra autoridades españolas de ese entonces.

En la actualidad, en una primera etapa de la vía, a la altura de la calle Yaguachi, en el sector del barrio Garay, se visualiza un remanente de manglar que emerge entre las viviendas de cemento desde donde nace parte de esta calle.

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Desde ese punto, varios adultos mayores recuerdan que se asentaron en la zona con construcciones de caña y madera que se fueron levantando entre tramos de tierra, divididos por entradas de agua y unidos por puentes peatonales de madera. Esto, luego, fueron remplazados al rellenarse la zona.

En el inicio de la calle 10 de Agosto hay un acceso hacia el malecón del estero Salado. Foto: API

Otra ciudadana criada en la zona, Paulina González, menciona que sus abuelos usualmente salían a comerciar al pueblo lo que pescaban en el estero, donde también podían compartir en el agua con la barriada. “Fuimos criados sin zapatos, nos caíamos al lodo, nadábamos y saltábamos, éramos una familia toda la barriada, ya se ha ido la juventud de mi edad”, dice la mujer de 53 años.

Anuncios gigantes, calzada ancha con doble circulación y gran comercio: así era la 9 de Octubre hace 50 años

Entre los residentes añoran que antes el brazo de mar era un balneario sin contaminación y había habitantes que usaban canoas para atrapar conchas, peces y cangrejos en la zona del manglar.

Conforme pasaron los años, la zona se fue poblando con más habitantes y ha cambiado su panorama. Ahora son pocos quienes usan el estero para bañarse, mientras la calle 10 de Agosto luce mejorada con obras de regeneración urbana, aceras, bordillos y calzada de cemento que sobresalen entre ambos costados de viviendas de cemento de una a dos plantas.

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“Aquí nacimos, nos gusta, ya se nos han ido los vecinos más viejos, no hemos tenido problema con nadie”, dice Emilia Belayo, moradora de 71 años.

Toda esta zona está cercana a un malecón del estero Salado que sirve como espacio de esparcimiento, aunque también hay problemas como el consumo de drogas y de delincuencia. Según vecinos, aún persisten problemas de expendio de sustancias ilícitas. Justamente, hace varios años, en la calle 12 se dio una intervención para mitigar este problema.

Cuadras más adelante de la vía aparecen importantes sitios como el plantel fiscal Raúl Clemente Huerta, a la altura de la calle Babahoyo.

Asimismo, en el cruce con la calle Ismael Pérez Pazmiño se observan el tráfico que proviene del puente El Velero y el panorama de viviendas que ya superan las dos plantas, incluyendo un altillo, se avizora una de las últimas implementaciones: grandes maceteros en aceras, una ciclovía en el costado izquierdo de la vía y otros árboles sembrados en la calzada.

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Asimismo, conforme se avanza hacia el este, el comercio es continuo con la presencia del mercado Oeste, donde se abastecen los habitantes de esa zona, y otros sitios de venta de artículos y accesorios de automóviles.

Más adelante, hacia el centro, se ubican edificaciones simbólicas y algunas patrimoniales de la ciudad, como la iglesia y plaza Victoria, el mercado Central, cuyo movimiento comercial agita las actividades cotidianas de decenas de ciudadanos durante los siete días de la semana.

En los alrededores, los vendedores informales se suelen acomodar para ofrecer toda clase de artículos, principalmente ropa y productos de temporada.

El mercado Central es uno de los sitos más relevantes en el trazado de la calle 10 de Agosto. Foto: Ronald Cedeño

La avenida 25 de Julio, arteria de más de siete kilómetros que late al ritmo portuario y comercial; vecinos demandan mejora vial y mayor seguridad

Allí, justamente comerciantes y peatones como Franklin Vargas aspiran a que se procure trabajar en la seguridad ciudadana, mitigar la ocupación de aceras por trabajadoras sexuales y la informalidad. “Es un poco dificultoso caminar por el desorden que a veces se forma”, comentó el ciudadano.

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Luego, en el cruce de la av. Boyacá, aparecen otros importantes puntos como el tradicional edificio que fue del diario El Telégrafo, el de la Sociedad Libanesa, cuya planta baja ahora alberga a un local de una importante cadena de cafeterías, además del Grand Hotel Guayaquil, que da cabida a una dulcería en una de sus esquinas.

En las siguientes cuadras, el pintoresco ambiente se pinta con buses y furgonetas que traen turistas hacia el parque Seminario, mientras otros parquean sus automóviles en estacionamientos cercanos.

Allí, en el área recreativa, visitantes como Luis Tenempaguay buscan ver de cerca a las iguanas que tienen su hogar entre las calles Chimborazo y Chile. Luego de la toma de fotos y videos con esos animales, muchos optan por visitar por varios minutos la Catedral Metropolitana.

“Es un sitio muy bonito, como un lunar de naturaleza que está en pleno centro, donde te conectas con la naturaleza”, indicó Tenempaguay, quien llegó el fin de semana pasado desde la península de Santa Elena.

La antigua sede de diario 'El Telégrafo' se ubica sobre la calle 10 de Agosto y av. Boyacá. Foto: Ronald Cedeño

En las cuadras finales de este recorrido, muchos turistas van a pie guiados por la torre Morisca (reloj público) que aparece como punto final, al pie del río Guayas. Sin embargo, antes hacen varias pausas con el edificio del cerrado hotel Continental, la Biblioteca Municipal y la sede de la Alcaldía, que de lunes a viernes mantiene un constante flujo de ciudadanos que buscan agilizar trámites de distinta índole.

“Es una calle que como su nombre lo dice nos da un mensaje de continuar buscando nuestra libertad en cada actividad”, mencionó Carlos Aguiar, transeúnte que frecuenta la zona y habita en el casco céntrico. (I)