Édison Bustos llegó al albergue en el colegio 17 de Septiembre pasadas las 16:00 de este martes, 24 de febrero, con el cuerpo cansado, el rostro abatido y acompañado de su esposa y su hija menor, de 6 años.

Había salido por sus propios medios de su vivienda, ubicada en el sector Unidad Suroeste, cuando el agua ya le alcanzaba el pecho.

“Todo se perdió”, repetía con resignación mientras intentaba procesar lo ocurrido.

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En su casa funcionaba un pequeño taller de radio y electrónica, el sustento principal de su familia.

Ese espacio quedó bajo el agua junto con las herramientas, los equipos de trabajo y los aparatos que estaba reparando.

Bustos calcula que solo en su taller perdió cerca de $ 3.000. A esa cifra se suman, al menos, otros $ 1.000 en electrodomésticos dañados, entre ellos la refrigeradora y otros enseres básicos. “Salimos rápido porque el agua subía demasiado”, relató.

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Lograron evacuar por su cuenta antes de que la situación se volviera aún más peligrosa. La voz se le quiebra al hablar del futuro inmediato.

No sabe cómo retomar su trabajo ni de qué manera volver a levantar el taller que era su fuente de ingresos.

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“Necesito ayuda para poder volver a poner mi taller”, dijo, consciente de que empezar de nuevo será una tarea difícil.

Lo más doloroso, admite, es que no es la primera vez que enfrenta una situación similar. El año anterior, el nivel del agua también llegó a alturas extremas en su sector, superando incluso los 3 metros en algunos puntos.

Esta vez, aunque el escenario fue distinto, el resultado fue el mismo: pérdidas materiales, angustia y la sensación de estar atrapado en un ciclo que se repite cada invierno.

El drama de Yolanda Campuzano

Horas más tarde, cerca de las 19:00, Yolanda Campuzano llegó sola al albergue. Venía desde la Unidad Este tras salir de su casa por sus propios medios cuando el agua ya le llegaba a la cintura.

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Su historia es distinta, pero el drama es el mismo. Es madre soltera y tiene un hijo de 27 años con discapacidad del habla, a quien, por la complejidad de la situación, dejó en la casa de una amiga antes de evacuar. “Era complicado traerlo hasta acá”, explicó.

Yolanda salió con una de sus mascotas, un pequeño conejo. En su vivienda quedaron dos gatos, de los que no tiene noticias porque no ha podido regresar.

Cuando abandonó la casa, el nivel del agua seguía subiendo y desconoce en qué estado se encuentran sus pertenencias.

Tampoco puede cuantificar las pérdidas materiales, ya que aún no ha podido ingresar nuevamente a su hogar.

Su relato está marcado por experiencias pasadas. En años anteriores, las inundaciones ya habían destruido sus electrodomésticos, colchones y parte de la estructura de su vivienda.

En Milagro hay sectores que siguen bajo el agua. Foto: José Beltrán

“El año pasado se me perdió todo”, recordó. Incluso relató que en una ocasión anterior tuvo dengue y no pudo evacuar por sus propios medios, por lo que fue sacada de noche por un familiar.

Esta vez decidió salir antes por temor a que la historia se repitiera. “Todos los años es lo mismo”, expuso, con una mezcla de cansancio y resignación.

Panorama general y acciones de las autoridades

Mientras estas historias se repiten entre los pasillos del albergue, las autoridades locales detallan el panorama general.

El refugio, instalado en el colegio 17 de Septiembre, tiene capacidad para 350 personas y actualmente acoge a 302, lo que equivale a unas 75 familias.

El último ingreso se registró a las 22:00 de este martes, 24 de febrero, cuando llegaron 35 personas más.

Según los reportes, durante la noche no se registraron lluvias intensas y el nivel del agua descendió alrededor de 15 centímetros.

Si bien el día anterior cerca del 70 % del cantón se encontraba anegado, este porcentaje se redujo a aproximadamente el 50 %, con tendencia a seguir bajando en las próximas horas.

Las personas damnificadas son registradas en el momento de su ingreso con un detalle completo de su información personal.

Luego pasan por una evaluación médica a cargo de personal del Ministerio de Salud Pública y médicos del Municipio.

Tras ese proceso reciben asistencia humanitaria, que incluye kits de dormir, limpieza, colchones y espacios asignados, con un máximo de dos personas por colchón.

En el albergue también se brindan tres comidas diarias, atención diferenciada por género en los baños y actividades lúdicas para niños, coordinadas por el Ministerio de Desarrollo Humano.

El alcalde de Milagro, Pedro Solines, informó que se han distribuido más de 1.500 galones de agua potable, se activaron brigadas médicas móviles y equipos de fumigación y se entregaron más de 1.200 raciones de comida a familias que permanecieron en sus casas sin posibilidad de cocinar.

También explicó que las aguas se concentran principalmente en sectores históricamente vulnerables, como el suroeste de las unidades y Las Margaritas.

Solines señaló que el comportamiento del río está condicionado por la cuenca hidrográfica que atraviesa cantones como Simón Bolívar, Jujan, Naranjito, Bucay y El Triunfo, y que la geografía del cantón, ubicada en una especie de “hamaca natural”, agrava las anegaciones.

Añadió que existen seis estaciones de bombeo, cinco municipales y una a cargo de la empresa pública de agua, aunque su funcionamiento depende del nivel del río, ya que no se puede bombear agua si el caudal está más alto que la ciudad.

Mientras las autoridades proyectan que las precipitaciones podrían mantenerse hasta mediados de marzo, en el albergue la realidad se vive en cada historia personal.

Familias como la de Édison y Yolanda esperan no solo que baje el nivel del agua, sino que llegue el apoyo necesario para reconstruir lo perdido y, al menos, recuperar un mínimo de estabilidad tras una emergencia que, para muchos, ya no es una excepción, sino una constante. (I)