A sus 60 años, Carlos Medina cerró una etapa que marcó su vida durante más de tres décadas.
El pasado 28 de febrero de 2026 se jubiló tras dedicar 32 años a la docencia, una profesión que, según calcula, le permitió enseñar a al menos 4.000 estudiantes de Guayaquil.
“Yo iba a decidir dar clases un añito más porque uno siempre se siente con fuerzas. Pero tomé la decisión de jubilarme y me dio un poco de nostalgia”, contó.
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Medina es docente con especialización en Historia y Geografía y a lo largo de su carrera también impartió asignaturas como Ciencias Sociales, Educación para la Ciudadanía y Filosofía.
Su interés por la enseñanza nació cuando tenía 18 años. Recuerda que durante su etapa escolar admiraba a los profesores que impartían clases y la manera en que transmitían el conocimiento.
En especial, guarda el recuerdo de una docente que le enseñaba historia en el colegio. Ya en la universidad también encontró maestros que reforzaron ese amor por la docencia.
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Aunque su vocación siempre fue enseñar, inicialmente estudió Contabilidad. La decisión estuvo influenciada por su padre, quien esperaba que siguiera ese camino profesional.
“Mi papá trabajaba en una empresa y cuando le llegó el momento de jubilarse, quería que yo ocupara su lugar, pero ese no fue el propósito de Dios”, relató Medina, quien además se describe como un apasionado por la enseñanza de la educación cristiana.
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Con el tiempo entendió que esa carrera no le llenaba. “Pero eso no me llenaba como persona”, afirmó con mucha seguridad.
Finalmente siguió su verdadera vocación y se graduó en la Universidad de Guayaquil.
Su primera experiencia frente a un aula ocurrió cuando tenía 25 años. Fue en la escuela José Antonio Campos, ubicada en el sector de Sauces 5, en el norte de Guayaquil.
Allí impartió Ciencias Naturales y trabajó tanto con estudiantes de escuela como de básica superior.
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“Allí pude compartir y dar Ciencias Naturales. Allí me desarrollé tanto en escuela como en básica superior”, recordó.
Años después, escuchó un anuncio en el que buscaban docentes para el Liceo Cristiano de Guayaquil. Decidió postular sin muchas expectativas, pero fue llamado y asignado para enseñar Estudios Sociales a estudiantes de décimo año.
“El Liceo Cristiano para mí fue un segundo hogar, era donde pasaba bastante tiempo laborando y haciendo lo que a mí me gusta hacer”, expresó.
Entre los recuerdos que guarda de sus estudiantes destaca la cercanía que llegó a tener con ellos.
Una de las anécdotas que más recuerda ocurrió cuando algunos alumnos se ofrecían a acompañarlo a su casa para que no regresara solo, ya que él también impartía clases en horario nocturno y el sector era considerado peligroso.
Durante su trayectoria como docente también tuvo la oportunidad de participar en seminarios y conferencias, lo que le permitió conocer varias ciudades del Ecuador, como Quito y Cuenca, e incluso viajar a países vecinos.
Medina asegura que la docencia es una profesión que exige dedicación y compromiso.
“Esta profesión es bonita, pero sacrificada, porque a veces damos tanto que nos olvidamos de nosotros”, reflexionó.
Su vocación también ha influido en su entorno familiar. Contó que una de sus sobrinas decidió convertirse en docente inspirada en su trayectoria, y además tiene una hermana que también se desarrolla en el ámbito educativo.
Ahora, aunque ya no ejerce formalmente la profesión, asegura que seguirá vinculado al aprendizaje.
Dedica su tiempo a leer, investigar y continuar formándose. Incluso no descarta dar tutorías desde casa o de manera virtual.
“Para mí la docencia significa un servicio, una entrega y una responsabilidad para con los demás. Lo mejor que nos pueden dar nuestros padres es la educación, porque eso se queda para siempre”, expresó.
Al mirar atrás, dice sentir orgullo al ver el camino que han seguido muchos de sus exalumnos. Algunos hoy son profesionales destacados e incluso han llegado a ocupar cargos como ministros.
“Me dio satisfacción ver que no es en vano. Estamos trabajando en algo significativo”, concluyó. (I)






