Desde la calle, las grúas levantan los vehículos atrapados en el edificio Multicomercio. Pero antes de que esas máquinas puedan operar, un pequeño grupo de trabajadores debe subir a la estructura dañada para despejar el camino.
Entre ellos está Cristian, un obrero de 45 años que pasa gran parte de su jornada suspendido a casi veinte metros de altura, retirando estructuras metálicas que quedaron deformadas por el incendio que afectó al complejo ubicado en las calles Cuenca y Eloy Alfaro.
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Su trabajo consiste en desmontar estructuras de metal que impiden el ingreso de las grúas hasta los puntos donde permanecen los vehículos.
Desde una canastilla elevada, junto con otros compañeros, corta y retira láminas metálicas, vigas y restos de cubiertas que colapsaron durante el incendio. Solo después de que ese espacio queda libre, las grúas pueden ingresar para enganchar los automotores y bajarlos hasta la calle.
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Cristian explica que las labores se realizan a varios metros sobre el nivel del suelo y en un ambiente que aún conserva señales del incendio. El olor a quemado se mantiene dentro del edificio y muchas superficies están cubiertas por restos de hollín y materiales deteriorados por el fuego y el agua utilizada para sofocar las llamas. En algunas áreas se observan estructuras deformadas y zonas donde el piso presenta daños visibles.
“Estamos casi a unos 20 metros de altura sacando estructuras de metal del techo para que la grúa pueda ingresar y sacar los carros”, relata. Desde esa altura, añade, se puede observar cómo algunos vehículos quedaron atrapados entre escombros o bajo partes de la estructura que cedieron durante el siniestro.
Dentro del edificio, describe, todavía esta semana había sectores donde los automotores permanecen parcialmente cubiertos por restos de metal o concreto.
En otros casos los vehículos quedaron completamente afectados por el fuego. Cristian asegura que varios están incinerados y que algunos incluso quedaron enterrados bajo elementos de la estructura.
“Todavía se siente el olor a quemado. Hay carros enterrados e incinerados que ya no sirven para nada”, cuenta mientras describe el ambiente dentro del inmueble.
El equipo en el que trabaja está conformado por cinco personas dedicadas al desmontaje de estructuras. Ellos abren paso para que las grúas puedan operar. Una vez que el espacio queda despejado, interviene el grupo que maneja la maquinaria pesada.
Ese segundo equipo está compuesto por tres trabajadores: el operador de la grúa, la persona que engancha el vehículo y quien dirige las maniobras desde el suelo. La coordinación entre grupos es constante, ya que cualquier error podría provocar accidentes en una estructura que todavía presenta daños.
Cristian asegura que en este tipo de trabajos la experiencia es fundamental. Los trabajadores utilizan arneses y equipos de seguridad para evitar caídas, aunque reconoce que el riesgo siempre está presente.
“Siempre con arnés y seguridad, porque ahí adentro es un riesgo”, explica.
Su llegada a este operativo ocurrió de forma inesperada. Cristian cuenta que se encontraba sin empleo cuando recibió la llamada de un compañero que le propuso integrarse al equipo de desmontaje.
“Yo soy maestro y estaba desocupado. Un compañero me llamó y vine”, dice.
Aunque el trabajo exige subir a grandes alturas y operar en una estructura afectada por un incendio, Cristian asegura que se siente cómodo realizando este tipo de labores. La altura no es un problema para él.
La peligrosa labor de Cristian en el edificio Multicomercio
Lo que más llama la atención en su historia es que, a pesar de la experiencia que tiene en este oficio, hace apenas dos años sufrió un accidente que casi le cuesta la vida.
Cristian relata que cayó desde una altura aproximada de trece metros mientras realizaba un trabajo similar con una grúa. La caída ocurrió cuando la maquinaria comenzó a elevarlo antes de que terminara de colocarse el arnés de seguridad. “Caí de cuatro pisos”, recuerda.
Según cuenta, tuvo que ser sometido a una cirugía en la cabeza tras el accidente. Durante varios meses permaneció en recuperación y debió realizar rehabilitación para volver a caminar con normalidad.
La recuperación fue lenta y costosa. Durante ese periodo incluso llegó a pensar que no volvería a trabajar en la altura.
Sin embargo, con el paso del tiempo decidió regresar al mismo oficio.
“Ya quería trabajar. Me picaban las manos por volver”, afirma.
El impacto fue fuerte, según cuenta.
El regreso a las alturas y los riesgos actuales
Hoy vuelve a subir a las canastillas que lo elevan a varios metros sobre el suelo, esta vez dentro de un edificio marcado por el incendio y por los daños estructurales que dejó el siniestro.
Dentro del inmueble, explica, el ambiente genera una sensación constante de alerta. Algunas paredes presentan grietas y fracturas y ciertos tramos del piso muestran fracturas que obligan a caminar con cuidado.
“Hay partes donde las losas están cuarteadas y uno tiene que pasar por ahí. Da miedo porque no sabes si se puede caer”, comenta.
Aun así, Cristian continúa realizando su trabajo junto con sus compañeros. Cada jornada implica cortar metal, retirar estructuras y preparar el terreno para que las grúas puedan operar.
El obrero vive en el suburbio de Guayaquil y es padre de cinco hijos. Reconoce que su oficio implica riesgos constantes, pero asegura que el conocimiento y la experiencia ayudan a enfrentarlos.
“El exceso de confianza es lo que provoca los accidentes”, reflexiona.
Mientras las grúas siguen retirando vehículos del edificio Multicomercio, Cristian y su equipo continúan abriendo camino entre estructuras dañadas, metal retorcido y restos del incendio, realizando una labor esencial que ocurre varios metros por encima del suelo y que resulta esencial para avanzar en las maniobras dentro del complejo. (I)