Quizás uno de los puntos más representativos de la historia de Guayaquil está a pocos metros de donde nació. El Fortín de la Planchada se impone entre el Malecón Simón Bolívar y el barrio Las Peñas, en el centro.

La brisa del río Guayas acompaña a los visitantes que recorren estos espacios turísticos de la urbe porteña. Por la pandemia de COVID-19 varios sitios turísticos permanecieron cerrados al público.

Pero la historia del Fortín de la Planchada data del siglo XVIII. Desde su fundación, Guayaquil había sido objeto de ataque por parte de piratas que llegaban desde Europa para saquear y violentar la ciudad.

Guayaquil era el puerto más importante de la Real Audiencia de Quito. Por esta razón era objetivo principal de los malhechores que navegaban por las costas americanas.

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En 1624, el holandés Jacob L’ Hermite arribó a la ciudad para atacarla. Las autoridades en esa época habían recibido alertas de la presencia de embarcaciones piratas. A pesar de estos anuncios la llegada de este personaje dejó varias muertes e incluso quemaron gran parte de Guayaquil.

El actual Fortín de la Planchada fue construido en 1647 para evitar estos ataques.

Según reseñas municipales, la denominación de ‘la Planchada’ surgió debido a que en esa época existían grandes rocas y colinas rocosas, por lo que este terreno era irregular.

Los pobladores ejecutaron trabajos para nivelar la tierra y hacerla plana, hecho que se registró en 1690, para conmemorar la fiesta del Corpus Christi, festividad religiosa.

Este espacio está ubicado a pocos metros de donde se fundó Guayaquil. Foto: Archivo.

Es que uno de los más agresivos ataques que sufrió la ciudad fue en el año 1687. Los franceses Francoies Grogniet y Ravenneau Loussan llegaron hasta el puerto con varias embarcaciones llenas de piratas.

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Ellos saquearon la ciudad, la incendiaron. En este proceso asesinaron a decenas de pobladores. Incluso tomaron como rehenes a varias mujeres. Para su rescate pedían objetos.

En este espacio también se desarrollaron eventos destacados de la gesta libertadora del 9 de Octubre de 1820.

La madrugada de ese histórico día, el sitio, que en ese entonces era un fuerte militar, fue tomado por el sargento Hilario Vargas.

Varios moradores del barrio Las Peñas se sumaron a esta causa, que culminaría en la libertad del pueblo guayaquileño ante el yugo español.

El sitio fue remodelado en 1906, luego de haber sufrido los incendios grandes que afectaron a la urbe en 1896 y 1902. En el incendio de 1896, las casas coloniales del barrio Las Peñas desaparecieron.

El Fortín de la Planchada fue declarado como monumento patrimonial por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) en el año 1996.

Actualmente, dos cañones reposan sobre un redondel con varios adornos en la frente.

Este espacio simboliza la lucha de los guayaquileños por defender su ciudad, su legado, el valor que tuvieron los pobladores en esa época para contrarrestar los ataques piratas. Además, se evoca la gallardía del porteño para defenderse.

El Fortín de la Planchada ha sido testigo del desarrollo de la urbe guayaquileña. (I)