Emily salió de realizar las compras en un supermercado, en el norte. Llevaba su mascarilla y cuidaba sus dos metros de distanciamiento hasta que le tocó pasar por la zona de los taxistas. Allí, dos de ellos “se abalanzaron a prestar su ayuda” y la mujer tuvo que esquivarlos y hacerles señales de que no necesitaba el servicio, pero uno de ellos decidió seguir insistiendo y le dijo “mamita” y demás palabras relacionadas con el cuerpo.

Este hecho no solo fue el jueves en el Riocentro Norte, en la avenida Francisco de Orellana. Ella dijo que también ocurrió cuando estuvo acompañada y en otros sitios.

El Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer Guayaquil (Cepam) informó que en este mes se han receptado decenas de denuncias por acoso y abuso callejero ocurrido durante la pandemia, así como violencia sexual en el interior de los hogares en estos últimos cuatro meses.

Annabel Arévalo, especialista del Cepam, explicó que al parecer la cuarentena y el temor ocasionaron que víctimas de acosos y abusos callen, pero en este mes se han receptado muchos casos de meses anteriores.
Ella comentó que el hecho de usar mascarilla y el distanciamiento no han frenado a los hombres a seguir con actos irrespetuosos hacia las mujeres.

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“Han aprovechado de todo. El hecho de que hay el distanciamiento y en espacios o calles donde no hay gente, si se presenta la oportunidad, ellos acosan”, lamentó Arévalo.

Otra denuncia fue la de Ana, residente de los Esteros. Ella contó que salió a la tienda de su barrio a comprar y sujetos que estaban en el sector le dijeron obscenidades.

“Las últimas veces he salido acompañada de mi hermano porque siempre era lo mismo, se aprovechan de lo desolado del lugar. Ahora que me ven acompañada solo me ven callados, pero yo sí les grité: Ahí sí no dicen nada, babosos de m... Irrespetuosos”, contó muy molesta.

Ella comentó que no solo depende del lugar, porque en su sector concurrido como el Mall del Sur ella esperaba reunirse con alguien y sin querer vio que desde un carro jóvenes sin mascarillas le hicieron señales obscenas con las manos.

“Es una falta de respeto total que se vive en Guayaquil. Esto tiene que acabar. No lo podemos permitir más”, dijo ella.

Arévalo explicó que esto se da porque no existió una educación de respeto en el hogar.

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“Si crío hombres machistas, consentidos pensarán que todo lo que ven pueden poseer. No es así. Hay que inculcar el respeto de manera fundamental en los niños y esto tomará unos 20 o 30 años para ver las nuevas generaciones”, explicó ella.

Añadió que el tema del piropo pese al contenido que tenga es un acto invasivo y así debe reconocerse, pues es un extraño que dice algo que no se ha pedido, es un irrespeto. Más cuando se utiliza lenguaje no verbal: miradas, señas, acciones, hasta acompañados de palabras, se convierte en un acoso.

“Con el solo hecho de ver el cuerpo de mujeres quieren aprovecharse de apropiarse de sus cuerpos. Es un abuso, es un irrespeto. Está intimidando la integridad personal, todos tenemos derecho de tener nuestro metro a la redonda para sentirnos seguros”, lamentó.

Katherine, residente del centro, contó que al salir a comprar, sujetos empezaron a molestarla con palabras vulgares y señas, pese a que tenía la mascarilla; ellos se las ingeniaron para hacerse escuchar.

“Como mujeres debemos frenar este acto, nadie les pide sus piropos o palabras fuertes. Con una pandemia como esta se espera que la gente cambie, pero siguen igual”, lamentó.

Arévalo explicó que tanto con el Municipio como con Fundación Metrovía crearon un plan para evitar el acoso y abuso en espacios concurridos como los articulados o paraderos. Sin embargo, a veces no hay los resultados deseados.

“Creo que se debe promocionar más el hecho de poder denunciar y que entidades del orden sepan que esto se debe evitar. Por ejemplo, hay casos en que mujeres piden ayuda a un policía y a veces se minimiza la acción, depende de su voluntad si desea o no ayudar y no debe ser así, debe haber una ordenanza que detenga esto”, dijo la experta. (I)