En largas colas, adultas mayores sin alfabetizar llegaban con sus nietos a inscribirse en los primeros cursos. Ellos, que sí sabían leer, se comprometían a ayudarlas para que sus abuelas pudieran seguir el curso escuchando y viendo en la televisión. Un padre de familia y su esposa pusieron en práctica lo aprendido en el embarazo para que naciera su hijo. El primer bebé lo habían perdido.












