Ahora que el grupo de ataque del USS Abraham Lincoln opera cerca de aguas sensibles del Golfo, en un contexto regional altamente tenso, Irán ve a estos buques como objetivos estratégicos dentro de su alcance, aunque la realidad militar es más compleja que un simple ataque directo.
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De acuerdo al portal 1945, Iran no cuenta con misiles convencionales capaces de golpear el territorio continental de Estados Unidos, pero sí tiene armamento regional diseñado para amenazar fuerzas desplegadas en Medio Oriente.
Un portaaviones navegando cerca del Estrecho de Ormuz enfrenta un entorno distinto: rutas marítimas estrechas, predecibles y saturadas de tráfico, lo que crea oportunidades para ataques sorpresa en uno de los cuellos de botella más críticos del planeta.
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¿De qué va la doctrina naval iraní?
La doctrina naval iraní no se basa en derrotar a la Armada estadounidense en una batalla abierta, sino en aplicar una estrategia de negación de acceso (A2/AD), aumentando los riesgos mediante minas, misiles costeros, tácticas asimétricas y submarinos, buscando que operar en la zona sea demasiado costoso o peligroso para Washington, más que dominar el mar.
En ese sentido, los minisubmarinos iraníes, especialmente los enanos clase Ghadir -de los cuales se estima que existen más de 20- son pequeñas plataformas diésel con la capacidad de operar en aguas poco profundas y que pueden valerse del ruido del tráfico civil para tender emboscadas con torpedos o minas; hay que tomar en cuenta que, si bien son difíciles de detectar en entornos litorales, están limitados por su baja resistencia y vulnerabilidad una vez localizados.
En contraparte, están los submarinos de ataque clase Kilo, apodados “agujero negro” y que son considerados como más peligrosos en términos tecnológicos por su extrema discreción acústica cuando operan con baterías, sin dejar de lado que pueden desplegar torpedos pesados y minas, también operar en aguas más profundas fuera del Golfo, aunque Irán solo posee tres y su disponibilidad es irregular por problemas de mantenimiento y antigüedad, lo que reduce su impacto real.
En este sentido, hundir un superportaaviones es extremadamente difícil, pues un grupo de ataque cuenta con destructores, cruceros y sistemas antisubmarinos avanzados, sin dejar de lado los helicópteros MH-60R y aviones P-8A Poseidon especializados en detectar y destruir submarinos; por lo que, en un escenario de ataque iraní, el blanco más probable serían buques de escolta o logísticos, no el portaaviones en sí.
Además, cualquier ofensiva de este tipo provocaría una represalia masiva que Irán difícilmente podría soportar, haciendo que el riesgo estratégico supere con creces cualquier posible ganancia.
(I)