Desde su creación en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, las municiones termobáricas han evolucionado hasta convertirse en armas devastadoras del arsenal moderno. Hoy, países como Estados Unidos, Rusia e Israel han recurrido a esta capacidad letal para “vaporizar” enemigos y obstáculos en combate.
Estas bombas, capaces de “detonar el aire”, generan una presión tan intensa que los expertos aseguran que pueden voltear a una persona desde sus entrañas. Su reciente uso contra civiles ha desatado graves preocupaciones sobre posibles crímenes de guerra.
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¿Qué son las armas termobáricas?
A menudo llamadas bombas de vacío, estas armas dispersan una nube de aerosol explosivo que penetra en edificios y búnkeres antes de encenderse. La explosión resultante crea un plasma de 3.500 ºC, capaz de vaporizar instantáneamente cualquier cosa que encuentre a su paso., indica Military Times.
La detonación genera una sobrepresión de 1.000 libras por pulgada cuadrada (psi), un impacto brutal comparado con la presión atmosférica de solo 14,7 psi. Edward Priest, excontrolador de combate estadounidense, describió que la onda expansiva “simplemente te saca los pulmones por la boca. Te vuelve del revés”.
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La tecnología evolucionó con el paso de las guerras. Estados Unidos usó la bomba “Daisy Cutter” para despejar zonas de aterrizaje en Vietnam, luego en las batallas de Fallujah y Tora Bora en 2001 y en 2017 lanzaron la “Madre de todas las bombas” contra túneles de ISIS en Afganistán, demostrando su poder destructivo en espacios reducidos.
Por su parte, Rusia mantiene un historial extenso de uso: Chechenia durante los años 90 y posteriormente en el conflicto de Siria. Más recientemente, se acusa a las fuerzas del Kremlin de utilizar armamento térmico de manera activa en su guerra contra Ucrania desde el año 2022.
Un informe de Al Jazeera afirma que casi 3.000 palestinos en Gaza han sido “evaporados” por Israel desde 2023, dejando solo rastros de sangre tras los ataques. La Defensa Civil identificó municiones fabricadas en Estados Unidos, como la MK-84 y la BLU-109, vinculadas directamente a esta destrucción total.
Aunque no existen leyes que prohíban estas municiones, su uso contra civiles en áreas urbanas, escuelas u hospitales podría constituir un crimen de guerra bajo las Convenciones de La Haya de 1899 y 1907.
(I)
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