A lo largo de la historia, cada avance en armamento a producido dudas sobre la vigencia del portaaviones y hoy esto no es la excepción. El desarrollo de misiles avanzados por parte de China ha llevado a algunos analistas a compararlo con el acorazado del pasado: una plataforma costosa y aparentemente vulnerable.
Sin embargo, más que quedar obsoletos, los portaaviones estadounidenses están atravesando un proceso de adaptación a un entorno estratégico mucho más exigente.
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De acuerdo al portal 1945, la proliferación de submarinos, misiles de largo alcance, satélites y armas hipersónicas ha puesto bajo presión la capacidad de supervivencia de estos buques. Aunque los portaaviones siguen siendo una pieza central de la estrategia naval estadounidense, con despliegues constantes en distintas regiones del mundo, el debate no gira en torno a su desaparición, sino a cómo deben operar frente a amenazas de alto nivel.
¿Cuál es el cambio clave en sus portaaviones?
El cambio clave está en el tipo de adversario, pues durante décadas, Estados Unidos usó sus portaaviones contra países con escasa capacidad naval, lo que reforzó la percepción de que eran instrumentos de poder prácticamente incontestables.
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No obstante, la situación ha cambiado, pues China y Rusia se han convertido en competidores capaces de atacar directamente a estos buques, lo que hace replantearse si el costo y riesgo siguen justificándose.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, los portaaviones reemplazaron a los acorazados gracias a su movilidad, autonomía y flexibilidad, de modo que, proyectaron poder aéreo sin depender de bases terrestres, una ventaja decisiva en conflictos como Vietnam, Irak o Afganistán. En esos casos, la amenaza marítima era mínima, por lo que consolidó su rol como herramienta dominante de la proyección militar estadounidense.
Una vulnerabilidad que atender
Actualmente las críticas apuntan a su vulnerabilidad frente a misiles balísticos antibuque, misiles de crucero de largo alcance y drones en enjambre. Estas observaciones están fundamentadas cuando se piensa en un enfrentamiento con potencias avanzadas, pero parten de la idea de que los portaaviones no pueden cambiar su manera de operar.
Pese a los desafíos, los portaaviones siguen ofreciendo capacidades únicas, como poder aéreo sostenido, respuesta flexible y control a escalada militar, en contraparte, no están atados a territorios ni a restricciones políticas, como sí pasa con las bases terrestres. Por otra parte, se distinguen de los bombarderos o de los misiles por combinar persistencia, mando, defensa aérea e inteligencia.
Todo esto hace que Estados Unidos no los deje atrás, sino que los transforma para seguir siendo efectivo en la era de los misiles chinos.
(I)
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