La Ciudad de México enfrenta un hundimiento acelerado del suelo que ya amenaza su infraestructura crítica y el abastecimiento de agua para más de 22 millones de habitantes, según recientes estudios científicos.

Imágenes satelitales de la NASA evidencian que la capital mexicana se hunde a un ritmo cercano a 25 centímetros por año, situándola entre las ciudades con mayor subsidencia en el mundo.

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El fenómeno afecta directamente al sistema de transporte, drenaje y suministro de agua. “Es un problema muy grave”, advirtió el investigador Enrique Cabral, de la Universidad Nacional Autónoma de México, al señalar daños crecientes en el metro, viviendas y vialidades, detalla el New York Post.

La ciudad fue construida sobre el antiguo lecho de un lago, lo que explica su vulnerabilidad. La extracción intensiva de agua subterránea y la expansión urbana han provocado el agotamiento del acuífero durante más de un siglo.

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Datos históricos muestran que el hundimiento pasó de unos 5 centímetros anuales a finales del siglo XIX a picos de hasta 45 centímetros en 1950, evidenciando un deterioro progresivo del terreno.

Investigadores lograron medir con mayor precisión este fenómeno mediante el satélite Nisar, que permitió monitorear cambios del suelo cada doce días entre octubre de 2025 y enero de 2026.

Los análisis revelan que zonas como el aeropuerto central y el entorno del Ángel de la Independencia registran descensos de hasta 0,78 pulgadas mensuales.

En sectores críticos como Iztapalapa, viviendas presentan grietas severas y daños estructurales. Expertos advierten que áreas construidas sobre antiguos sedimentos lacustres son las más afectadas.

Origen histórico y vulnerabilidad

Los españoles edificaron la actual ciudad sobre las ruinas de Tenochtitlán, conquistada en 1521. La antigua urbe se levantaba sobre una isla en el lago de Texcoco, que fue desecado progresivamente durante la colonia para expandir el territorio urbano.

Hoy, gran parte de la metrópoli se asienta sobre capas de arena y arcilla de hasta 90 metros de profundidad. Estos sedimentos, blandos y saturados de agua, aumentan la vulnerabilidad ante hundimientos, deformaciones del terreno y sismos.

El hundimiento también agrava el riesgo de escasez hídrica, al comprometer aún más un acuífero ya sobreexplotado.

Científicos buscan ahora mapear el descenso edificio por edificio, con el objetivo de diseñar estrategias de mitigación. (I)