La tranquila ciudad de Laufenburg, ubicada a orillas del río Rin en Suiza, se ha convertido en el escenario de uno de los proyectos energéticos más ambiciosos de Europa.

La empresa FlexBase Group construye allí un gigantesco sistema subterráneo de almacenamiento con baterías de flujo redox, diseñado para estabilizar el suministro eléctrico ante el crecimiento de las energías renovables.

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El proyecto prevé una capacidad superior a 2,1 gigavatios-hora (GWh) y una potencia de salida de más de 1,2 gigavatios (GW), cifras que lo convertirían en uno de los sistemas de almacenamiento energético más grandes y avanzados del mundo.

La función de esta infraestructura es sencilla: almacenar el exceso de electricidad generado por parques solares y eólicos cuando la demanda es baja y devolverla a la red cuando el consumo aumenta. El objetivo es reducir riesgos de apagones, evitar picos en los precios de la electricidad y mejorar la estabilidad del sistema energético.

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La obra se desarrolla bajo tierra, en una excavación de unos 27 metros de profundidad y una extensión superior a dos campos de fútbol. El complejo abarcará más de 20.000 metros cuadrados e incluirá, además de la batería, un centro de datos de inteligencia artificial, oficinas y laboratorios.

Durante la construcción se removerán millones de metros cúbicos de arena y grava, parte de los cuales serán reutilizados en materiales de construcción. Aunque el proyecto busca impulsar energía limpia, expertos recuerdan que también implica un impacto ambiental en su fase inicial.

A diferencia de las baterías convencionales de teléfonos o vehículos eléctricos, las de flujo redox almacenan energía en líquidos llamados electrolitos, contenidos en grandes tanques. Esto permite aumentar la capacidad mediante depósitos más grandes, una ventaja para sistemas de gran escala destinados a redes eléctricas.

La ubicación de Laufenburg no es casual. La ciudad alberga la llamada “Estrella de Laufenburg”, una histórica subestación donde en 1958 se conectaron las redes eléctricas de Alemania, Francia y Suiza, considerada un punto clave en el nacimiento de la red eléctrica europea.

FlexBase ya obtuvo la aprobación para una primera conexión de 800 megavatios a la red. Sin embargo, persisten dudas sobre el cronograma: mientras la empresa proyectaba la puesta en marcha para 2028, reportes recientes apuntan a 2029.

Pese al entusiasmo, el proyecto enfrenta escepticismo. Las baterías de ion de litio dominan actualmente el mercado por sus menores costos y amplia adopción, mientras que las baterías de flujo requieren más espacio y una ingeniería más compleja.

Para Europa, el megaproyecto de Laufenburg representa una prueba de alto impacto: demostrar si el almacenamiento energético a gran escala puede convertir a las energías renovables en una fuente más estable y menos dependiente del clima. Su éxito o fracaso podría influir en el futuro energético del continente. (I)