El despliegue de cazas furtivos F-35A de la Guardia Nacional Aérea de Vermont marca un nuevo capítulo en la creciente tensión entre Estados Unidos e Irán. Cada vez es más probable que estas aeronaves sean trasladadas a Oriente Medio, en un momento en el que Washington está reforzando significativamente su presencia militar en el área bajo la responsabilidad del Comando Central (CENTCOM), ante la posibilidad de un conflicto con Teherán.
De acuerdo a The War Zone, doce de estos aviones han realizado movimientos estratégicos en los últimos días: seis que estaban en la Base Aérea de Rota, en España, fueron trasladados a Morón luego de un retraso causado por el accidente de un avión cisterna KC-46A Pegasus. Por su parte, otros seis aterrizaron en la Base Aérea de Lakenheath, en el Reino Unido, después de haber regresado primero a Vermont desde el Caribe.
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Los F-35A que llegaron a Europa cruzaron el Atlántico directamente desde el Caribe, haciendo escalas técnicas en lugares como Lajes, Portugal, pese a que se especuló con un posible destino final en Jordania, hasta ahora no está confirmado si estos aviones serán desplegados en Oriente Medio ni cuándo ocurriría ese movimiento. Es importante destacar que, Lakenheath, que ya alberga F-35A, funciona como punto clave de tránsito hacia la región.
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¿Qué pasa si se concreta el despliegue?
En caso de que eso ocurra, los F-35A se sumarían a una creciente concentración de poder aéreo y naval estadounidense en la zona, en ese sentido, hasta ahora hay destacamentos de al menos tres escuadrones de F-15E Strike Eagle en Jordania, junto a A-10 Thunderbolt II y aviones de guerra electrónica E/A-18G Growler.
Por su parte, en el mar se encuentra el portaaviones USS Abraham Lincoln opera con F-35C y F/A-18 Super Hornet, sin dejar de lado a las más de 100 aeronaves de carga han trasladado sistemas de defensa aérea y otros recursos militares al área.
Expertos señalan que pese al esfuerzo, la capacidad aérea desplegada aun sería insuficiente para sostener una operación militar de gran escala contra Irán, aunque el presidente Donald Trump evalúa enviar un segundo grupo de ataque de portaaviones (alternativa que enfrenta limitaciones logísticas), incluso esa medida no alteraría completamente el balance necesario para una campaña prolongada. A esto se suma la posibilidad de que Israel participe, lo que añade más incertidumbre estratégica.
El pulso diplomático se mantiene
Trump ha reiterado que prefiere un acuerdo negociado centrado en impedir que Irán obtenga armas nucleares, aunque Israel presiona por un pacto más amplio que incluya restricciones al programa de misiles y al apoyo regional iraní.
Del lado de Teherán, si bien se mantienen amenazas contra intereses estadounidenses, también han surgido señales de posible flexibilidad, como la disposición a diluir uranio enriquecido si se levantan sanciones.
(I)
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