Durante décadas, la proteína KRAS fue uno de los mayores obstáculos en la investigación contra el cáncer. Su estructura, sin cavidades claras donde pudieran actuar los fármacos, la convirtió en un objetivo casi inaccesible para la medicina.

Ahora, un nuevo estudio publicado en Nature apunta a eliminar esta proteína por completo, en vez de solo bloquarla. Investigadores han comenzado a obtener resultados prometedores con nuevas estrategias para tratar a KRAS.

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El primer ensayo clínico de un fármaco diseñado para degradar una forma mutada de KRAS ya mostró señales de eficacia, mientras otros estudios avanzan en paralelo con terapias que atacan distintas variantes de esta proteína.

Una pieza clave en los tumores más agresivos

KRAS forma parte de una familia de proteínas que controlan el crecimiento celular. Cuando muta, puede quedar activada de forma permanente, impulsando la proliferación descontrolada que caracteriza al cáncer.

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Estas mutaciones están presentes en algunos de los tumores más letales, como los de páncreas, pulmón y colon. Por eso, durante años, los científicos intentaron encontrar una forma de “apagar” esta proteína.

El problema es que su superficie lisa dificulta que los medicamentos se adhieran y la bloqueen.

De bloquear a destruir

Los primeros fármacos que lograron unirse a KRAS ofrecieron resultados limitados. Aunque podían frenar temporalmente su actividad, los tumores desarrollaban resistencia en poco tiempo, ya sea mediante nuevas mutaciones o activando rutas alternativas para seguir creciendo.

La nueva estrategia cambia el enfoque. En lugar de inhibir la proteína, los llamados “degradadores” la marcan para que la propia célula la destruya.

Estos compuestos funcionan como un puente: se adhieren a KRAS y la conectan con otra proteína que actúa como sistema de eliminación celular. De esta forma, KRAS es identificada como desecho y descompuesta por la maquinaria interna de la célula.

Aunque los resultados iniciales generan expectativa, los expertos advierten que no se trata de una cura por sí sola. La clave estará en combinar estos tratamientos con otras terapias para evitar que el cáncer encuentre nuevas formas de resistir. (I)