Una familia de Sídney recibió un diagnóstico inesperado tras notar síntomas persistentes de resfriado en su hija de 10 meses, que derivaron en la detección de un cáncer infantil en etapa avanzada.
Los padres, Adrian y Emily, regresaron a Australia en enero de 2025 desde Nueva Zelanda, cuando comenzaron a observar que el cuadro respiratorio de su hija no desaparecía. En un inicio, los síntomas no generaron alarma.
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Días después, durante el baño, la madre detectó un bulto en el cuello de la menor, que inicialmente fue interpretado por médicos como un ganglio inflamado producto del resfriado.
Sin embargo, el bulto aumentó de tamaño y la condición de la niña empeoró. Según el testimonio de la familia, la menor presentó dificultades para respirar y episodios de vómito con sangre, lo que llevó a una evaluación médica más exhaustiva.
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Los estudios revelaron que la masa no era un ganglio inflamado, sino un tumor asociado a un neuroblastoma en etapa cuatro, un tipo poco común de cáncer infantil. Para ese momento, el tumor ya comprometía gran parte del tórax, afectaba un pulmón y ejercía presión sobre la médula espinal.
La presión generada por el tumor provocó la pérdida permanente de movilidad y sensibilidad desde la zona de las costillas hacia abajo. La menor fue sometida a una cirugía de emergencia, seguida de tratamiento con quimioterapia.
Durante su hospitalización, la paciente sufrió un paro cardíaco del que fue reanimada tras 90 segundos. Posteriormente permaneció en cuidados intensivos durante varios meses.
En mayo de 2025, la familia informó que la menor fue declarada libre de cáncer, aunque persisten preocupaciones sobre las secuelas a largo plazo derivadas de la enfermedad. (I)