Casi 40 años después del desastre nuclear de Chernóbil, los lobos grises han tomado el control de la zona de exclusión. Hoy, estos depredadores prosperan en un paisaje peligroso, desafiando todas las expectativas científicas sobre la vida en áreas contaminadas.

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Una investigación de la Universidad de Princeton descubrió que desarrollaron una mutación genética única. Sus sistemas inmunológicos parecen alterados para combatir el cáncer, permitiéndoles sobrevivir a niveles de radiación que serían letales para los humanos.

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Los importantes hallazgos sobre los lobos grises de Chernóbil

Los científicos colocaron collares con GPS y medidores de radiación a los lobos para rastrear sus movimientos en tiempo real. El objetivo era medir exactamente cuánta contaminación enfrentan estos animales día a día y comparar su salud biológica con la de lobos que viven en zonas limpias, indica Econews.

Los análisis de sangre revelaron algunos patrones genéticos inusuales. Foto: Wikimedia Commons

Los resultados mostraron que están expuestos a niveles de radiación mucho más altos de lo que cualquier humano podría soportar con seguridad. Sin embargo, sus análisis de sangre revelaron patrones genéticos inusuales, sugiriendo que sus sistemas inmunológicos cambiaron para resistir los efectos dañinos de la exposición constante.

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Asimismo, notaron que el sistema inmune de estos lobos se parece al de los pacientes con cáncer sometidos a radioterapia. Han desarrollado una resistencia biológica que les permite sobrevivir sin desarrollar tumores mortales, un descubrimiento que podría abrir nuevas puertas para entender mejor la lucha contra esta enfermedad.

De forma involuntaria, la zona de exclusión se volvió una reserva natural. Foto: Wikimedia Commons

Aunque la genética importa, la ausencia de humanos es clave: la falta de carreteras, tráfico y cazadores convirtió a la zona de exclusión en un refugio natural único. Menos estrés y más hábitat disponible permitieron que la población crezca incluso más que en las reservas naturales cercanas.

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Este estudio no es solo una curiosidad biológica, sino una pista vital para la medicina. Si identifican qué genes específicos protegen a estos lobos, podrían desarrollar nuevas terapias para reducir el riesgo de cáncer en personas expuestas a radiación o mejorar los tratamientos actuales contra tumores malignos.

(I)

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