Dentro del cráter del volcán Chichón, ubicado en el sur de México, se han generado cambios inusuales, ya que el lago que ocupa la cima muestra señales claras de un sistema subterráneo más activo de lo que parecía, presentando temperaturas elevadas, burbujeo de gas y nuevas formaciones de azufre.

Esta situación ha despertado la preocupación entre especialistas, pues sugiere que el volcán, responsable de miles de muertes hace cuatro décadas, podría estar entrando en una fase de transformación interna, reseña Indian Defence.

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¿Qué detectaron los expertos en el volcán Chichón?

A finales de 2025, investigadores empezaron a registrar anomalías físicas y químicas en el lago del cráter, un sitio que sigue restringido por los riesgos residuales que dejó la erupción de 1982. Estas observaciones han impulsado un aumento del trabajo de campo y del análisis geofísico, ya que el comportamiento del lago es un indicador directo de procesos internos.

Los científicos confirmaron que los cambios guardan relación con un sistema hidrotermal activo bajo el lago: entre junio y diciembre observaron esferas huecas de azufre flotando, vinculadas al ascenso de gases desde charcas de azufre líquido en el fondo. Además, la temperatura superficial alcanzó máximos de hasta 118 °C, lo que refuerza la idea de un subsuelo persistentemente caliente.

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También se detectaron alteraciones visuales y químicas: el lago pasó de estar dominado por algas a adquirir un tono grisáceo, asociado con mayores concentraciones de sulfatos y sílice.

Variaciones significativas en los niveles de cloruro, junto con un aumento en emisiones de gases como H₂S y CO₂, apuntan a un sistema dinámico que podría volverse peligroso cerca del cráter.

Cráter del volcán Chichón en México | Foto: Cortesía X @chematierra

Uno de los vocales más letales de México

El Chichón sigue siendo uno de los volcanes más letales de México, luego de la devastadora erupción de 1982, que sepultó pueblos enteros y produjo más de 2.000 muertes.

En la actualidad se mantiene en alerta amarilla fase 2, con sismicidad superficial de baja magnitud, lo que sugiere cambios hidrotermales más allá de una intrusión magmática inmediata, aunque las señales han motivado reforzar la vigilancia.

Si bien es poco probable que se genere una gran erupción a corto plazo, los expertos advierten sobre el riesgo de explosiones freáticas repentinas, impulsadas por vapor y difíciles de predecir.

La falta de monitoreo moderno en tiempo real limita la previsión, por lo que instituciones como la UNAM y el CENAPRED han intensificado esfuerzos con drones, teledetección y programas comunitarios, conscientes de que el volcán podría evolucionar rápidamente sin avisos claros.

(I)

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