Durante décadas, la cultura popular y las dietas modernas consolidaron la imagen del hombre de las cavernas como un cazador carnívoro. Sin embargo, una reciente investigación científica de la Universidad Nacional Australiana y la Universidad de Toronto Mississauga sugiere que esta visión es un error.

El estudio, publicado en el Journal of Archaeological Research, explica que la teoría de una dieta exclusiva de proteínas y grasas animales surgió de la visibilidad de los fósiles y la rápida descomposición del material vegetal.

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Los análisis tradicionales de colágeno óseo suelen subestimar la ingesta de almidones y grasas vegetales, favoreciendo la narrativa del cavernícola carnívoro. Sin embargo, al analizar yacimientos del Paleolítico con tecnologías avanzadas, los científicos hallaron rastros microscópicos de nueces, semillas, tubérculos, cereales y frutas.

¿Qué comían los primeros humanos sobre la Tierra?

Las pruebas indican que los antiguos Homo sapiens, neandertales y denisovanos, no solo recolectaban plantas, sino que las procesaban. El uso de técnicas para machacar, moler y cocer vegetales les permitía digerir especies duras y eliminar toxinas.

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Además, existe una razón fisiológica para que el ser humano no pueda ser un hipercarnívoro estricto: el hígado humano tiene una capacidad limitada para procesar proteínas.

El consumo excesivo de carne magra sin carbohidratos o grasas vegetales puede derivar en una intoxicación proteica, provocando náuseas, letargo y acumulaciones peligrosas de amoníaco en la sangre, que podría ser letal.

El estudio concluye que los primeros humanos aprovecharon cada recurso de su entorno, demostrando que “comer de todo” no es una tendencia moderna, sino la base de nuestra evolución biológica.

(I)

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