Un altar romano de casi 1.900 años de antigüedad, vinculado a un culto secreto al dios Sol, fue descubierto en Escocia tras permanecer oculto bajo tierra durante siglos.

El hallazgo se remonta a 2010, cuando arqueólogos inspeccionaron el terreno en Lewisvale Park, al este de Edimburgo, antes de la construcción de un pabellón de críquet. Durante una breve excavación, identificaron un singular altar utilizado en rituales religiosos exclusivamente masculinos.

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La pieza, elaborada en arenisca beige, fue encontrada en dos fragmentos y originalmente medía unos 1,23 metros de altura. En su parte superior presenta cuatro bustos femeninos que representan las estaciones, mientras que en el centro destaca el rostro del dios Sol dentro de un círculo grabado.

Los ojos, la boca y los seis rayos de la corona fueron perforados para permitir su iluminación desde la parte posterior. Además, se detectaron restos de pintura roja en la cara frontal y coronas de laurel talladas en ambos lados.

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Según la inscripción, el altar habría sido consagrado por un soldado romano llamado Cayo Casio Flaviano, posiblemente comandante de la base militar de Inveresk, establecida en el año 142 d. C. junto al Muro de Antonino, una de las fronteras más septentrionales del Imperio romano.

De acuerdo con los Museos Nacionales de Escocia, que adquirieron recientemente la pieza junto con otro altar dedicado al dios Mitra, ambos monumentos funcionaban como centros de ceremonias religiosas reservadas a iniciados.

El culto a Mitra, de carácter secreto y exclusivo para hombres, se desarrollaba en templos subterráneos llamados mitreos y celebraba el triunfo de la luz sobre la oscuridad. En este contexto, Sol desempeñaba un papel central y en ocasiones era identificado con la propia deidad.

“En la oscuridad del templo, se podían ver los rayos y los ojos del dios sol mirándote fijamente”, explicó Fraser Hunter, conservador de arqueología de la Edad de Hierro y romana en los Museos Nacionales de Escocia.

El especialista añadió que estas creencias ofrecían a los soldados “la sensación de que el mundo tenía un propósito y que había vida después de la muerte”. (I)