Rusia está dejando en evidencia una vulnerabilidad crítica en las defensas de la OTAN: la capacidad de saturar el espacio aéreo con drones baratos y producidos en masa, ataques más allá de la precisión militar, buscan desgastar al adversario y obligándolo a gastar recursos millonarios para detener amenazas de bajo costo.

De acuerdo al portal Indian Defence, la alianza, alarmada, comienza a mirar el modelo ucraniano como referencia para responder a este desafío.

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¿De qué va esta estrategia por parte de Rusia?

La incursión transfronteriza con drones en 2025 expuso claramente estas grietas pues, aunque los sistemas Patriot detectaron las aeronaves, se evitó disparar para no desperdiciar misiles extremadamente caros.

En medio de esta situación, solo unos pocos drones fueron derribados por cazas aliados, mientras otros cayeron en territorio polaco y letón, lo que llevó a Polonia a activar el Artículo 4 de consultas de emergencia dentro de la OTAN.

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Expertos como Samuel Bendett señalan que la letalidad de estos drones no reside solo en su capacidad destructiva, sino en su impacto psicológico, pues Rusia utiliza la táctica del agotamiento: lanzar ataques constantes para sembrar terror, interrumpir la economía y obligar a los defensores a vaciar sus arsenales de alta tecnología frente a objetivos relativamente simples.

Dron Shahed-136 | Foto: Cortesía X @mechantlemonde

Drones que cambiaron el equilibrio

Con un costo estimado de entre 20.000 y 40.000 dólares, el Shahed-136 puede transportar una carga explosiva de 90 kilos y recorrer cientos —incluso miles— de kilómetros y Rusia produce miles al mes, mejorando su precisión y resistencia a contramedidas a través de un diseño compacto y replicable que inspira copias en países como China, Turquía y posiblemente Corea del Norte.

La economía como punto de quiebre

Desde el aspecto económico, las defensas tradicionales no pueden escalar frente a drones tan baratos. Por ejemplo, misiles como Sidewinder o Stinger cuestan cientos de miles de dólares, mucho más que el dron que destruyen, por su parte, alternativas como cohetes guiados por láser o sistemas terrestres más simples ofrecen soluciones más asequibles, pero enfrentan limitaciones de alcance, logística y nuevas tácticas rusas.

Una de las respuestas más prometedoras es combatir drones con drones: Ucrania ya despliega interceptores de bajo costo como el Sting, que es capaz de derribar Shaheds por unos 5.000 dólares por disparo, además de proyectos financiados por actores internacionales, teniendo así defensas estratificadas, combinando armas económicas, sensores compartidos y múltiples capas tecnológicas.

En este sentido, más que un desafío militar, para la OTAN tiene que adaptarse rápido antes de que los drones baratos sigan dejando en evidencia las grietas en sus defensas mil millonarias.

(I)

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