<a href="https://www.eluniverso.com/temas/china/" target="_blank" rel="" title="https://www.eluniverso.com/temas/china/"><b>Investigadores chinos han desarrollado una técnica que utiliza microbios cultivados en laboratorio </b></a><b>para transformar la arena suelta del desierto en una superficie estable</b>. Estos organismos crean una fina capa que evita que el viento arrastre los granos, proporcionando una base sólida para la restauración ecológica, de modo que la arena se mantenga en su lugar y facilite la recuperación del suelo.De acuerdo a <a href="https://www.earth.com/news/process-microbes-turn-desert-sand-into-fertile-soil-in-just-10-months/" target="_blank" rel="" title="https://www.earth.com/news/process-microbes-turn-desert-sand-into-fertile-soil-in-just-10-months/">Earth</a>, <b>esta capa protectora brinda tiempo a los equipos de restauración para plantar arbustos y pastos antes de que el calor extremo o las tormentas de arena dañen los brotes jóvenes.</b>En ensayos realizados en el noroeste de China, la superficie tratada resistió tormentas estacionales y se consolidó progresivamente. La estabilización efectiva se logró en un período aproximado de 10 a 16 meses.<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0038071719303293" target="_blank" rel="" title="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0038071719303293"><b>El método se basa en cianobacterias</b></a><b>, microorganismos fotosintéticos con miles de millones de años de antigüedad capaces de sobrevivir en ambientes hostiles.</b> Estas bacterias capturan dióxido de carbono y, en suelos pobres, pueden fijar nitrógeno, aportando nutrientes esenciales, que al establecerse, crean una capa viva que une los granos de arena y facilita el arraigo de las primeras plantas.<b>Bajo el microscopio, las costras biológicas del suelo muestran una red de filamentos bacterianos que envuelven las partículas de arena.</b> Las células liberan azúcares pegajosos que actúan como un pegamento natural, endureciendo la superficie, así, esta estructura reduce la erosión y dificulta la invasión de especies no deseadas, aunque requiere protección contra pisadas o tránsito pesado.<b>Con el tiempo, la costra comienza a retener nutrientes y materia orgánica cerca de la superficie, lo que favorece la acumulación de carbono, nitrógeno y fósforo</b>, al tiempo que conserva la humedad tras lluvias breves, reduciendo la evaporación y permitiendo que las raíces se desarrollen. Esta mejora del microambiente aumenta las probabilidades de supervivencia de las plantas jóvenes.<b>A medida que el sistema madura, aparecen líquenes y musgos que refuerzan la estabilidad y ayudan a conservar la humedad</b>. Las pruebas demuestran que esta técnica puede reducir la erosión eólica en más del 90 %, aunque su aplicación a gran escala exige protección del terreno y una planificación cuidadosa. Los científicos consideran que esta estrategia podría acelerar la recuperación de tierras degradadas y frenar el avance de la desertificación.<b>(I)</b>