Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, sugiere que el ardor de estómago persistente podría estar asociado a señales tempranas del cáncer de esófago, incluso en casos donde los exámenes médicos no muestran alteraciones visibles.
La investigación, publicada en la revista científica Nature Medicine, analizó datos clínicos, genéticos y epidemiológicos de más de 3.000 pacientes sometidos a cirugía por tumores o enfermedades del esófago. El objetivo fue evaluar si existen diferentes vías de desarrollo del cáncer o si comparten un origen común.
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Los resultados indican que la llamada esófago de Barrett, una condición precancerosa en la que cambia el revestimiento del esófago, está presente en la base de todos los casos de adenocarcinoma de esófago analizados, incluso cuando no puede observarse en una endoscopia.
En aproximadamente un tercio de los pacientes se identificó esófago de Barrett visible. Sin embargo, en los casos restantes, los investigadores encontraron patrones genéticos similares en los tumores, lo que sugiere un mismo origen biológico. La diferencia principal fue que los pacientes sin diagnóstico visible de Barrett tendían a presentar la enfermedad en etapas más avanzadas.
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Según el equipo de investigación, esto podría explicarse porque el tumor en desarrollo puede modificar o reemplazar el tejido donde se originó la lesión precancerosa, lo que dificulta su detección en fases posteriores.
El estudio también identificó marcadores moleculares asociados al esófago de Barrett, como las proteínas TFF3 y REG4, presentes en distintas etapas de la enfermedad, incluso antes del desarrollo del cáncer. Estos hallazgos apuntan a la posibilidad de detectar riesgo mediante señales biológicas que no dependen de cambios visibles en los tejidos.
Los autores señalan que el adenocarcinoma de esófago suele diagnosticarse en etapas avanzadas, lo que limita las opciones de tratamiento. En ese contexto, consideran que las estrategias de detección temprana podrían beneficiarse del uso de pruebas menos invasivas que identifiquen estos marcadores moleculares.
El estudio sugiere además que el ardor de estómago persistente, un síntoma común en la población, no debe considerarse de forma aislada, especialmente cuando es recurrente. Sin embargo, los investigadores subrayan que la mayoría de los casos de acidez no están relacionados con cáncer.
La investigación forma parte de los esfuerzos por mejorar la detección temprana del cáncer de esófago mediante herramientas que complementen la endoscopia tradicional y permitan identificar pacientes en riesgo antes de que la enfermedad avance. (I)