California está transformando silenciosa y profundamente la manera en que asegura suministro de agua, debido a la disminución de fuentes tradicionales. El estado ha comenzado a recurrir masivamente al océano y al tratamiento avanzado de aguas residuales, convirtiendo millones de toneladas de agua salada y reciclada en agua potable apta para el consumo humano.

De acuerdo a EcoNews, lo que antes parecía propio de la ciencia ficción hoy se integra como parte de la infraestructura cotidiana de una de las economías más grandes del planeta.

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Estas tecnologías se expandían al mismo tiempo que la histórica megasequía del oeste de Estados Unidos se intensifica y la nieve de la Sierra Nevada (clave para el abastecimiento), se reduce de forma sostenida.

Foto: Freepik

Agua de California: un desafío estructural

El desafío hídrico californiano estructural: la mayor parte de las lluvias se concentra en el norte, mientras que la población y la agricultura de alto valor se ubican principalmente en las zonas más secas del centro y sur del estado, ya que durante décadas, presas y acueductos han compensado ese desequilibrio, pero el cambio climático ha vuelto este sistema cada vez más frágil.

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Investigaciones recientes indican que la actual megasequía es la más severa en al menos 1.200 años, agravada significativamente por el calentamiento global de origen humano. Tanto la reducción de la nieve como su derretimiento anticipado debilitan el “reservorio natural” que alimentaba ríos y cultivos durante el verano, intensificando la competencia entre ciudades, campos agrícolas y ecosistemas fluviales.

Ante este panorama, la desalinización del agua de mar se ha convertido en un amortiguador clave frente a sequía. En la costa del Pacífico, grandes plantas como la de Carlsbad, en el condado de San Diego, ya producen decenas de millones de galones diarios de agua potable, cubriendo una parte relevante de la demanda regional y reduciendo la dependencia de las lluvias.

En ese sentido, California apuesta por la desalinización de agua salobre y el uso de tecnologías de ósmosis inversa, que filtran la sal y los contaminantes mediante alta presión.

Aunque este proceso requiere grandes cantidades de energía y eleva los costos -el agua resultante puede ser más cara que la de embalses tradicionales-, ofrece una fuente más estable y menos dependiente del clima, clave para el futuro hídrico del estado.

(I)

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