¿Qué implica que la Feria Internacional del Libro de Quito (FIL) tenga un “aroma de mujer”, como la calificó la ministra de Cultura, Angélica Arias?, ¿la palabra como espacio de reivindicación política del feminismo?, ¿la subordinación de la calidad literaria al activismo?, ¿la garantía de nuevas sensibilidades?, ¿un pretexto para la inclusión o exclusión de otras voces que no son políticamente correctas?

Son decenas de preguntas alrededor de este tema las que rondan entre escritores, críticos y público, a propósito de una marca que bien puede convertirse, para unos, en una marca o, para otros, en un estigma.

No es un tema que se lo aborde en voz alta, por temor al señalamiento en las redes sociales o a la exclusión de los círculos artísticos y comerciales, tan devotos del reconocimiento de sus pares.

Juana Neira, gerenta del Plan del Libro y la Lectura José de la Cuadra del Ministerio de Cultura y Patrimonio, sostiene que lo del “aroma de mujer” es una preciosa analogía y que, con la curaduría de Santiago Vizcaíno, para esta edición de la FIL Quito se ha acordado la presencia de muchas voces femeninas que han generado expectativa en los lectores y organizadores.

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Sin duda alguna, ha sido una lucha compleja, porque la historia dice que los escritores siempre fueron varones y su discurso estético era el que primaba, ante todo, y, sobre todo".

Este evento virtual, que comenzó el miércoles y se extiende hasta hoy, reúne más de 160 eventos entre mesas redondas, lanzamientos de libros y conversatorios. Además de 69 invitados nacionales y 19 internacionales.

La escritora ecuatoriana Gabriela Ruiz Agila considera que las invitadas a la feria “no hemos sido llamadas por nuestra condición de género o por el hecho de ser mujeres, sino por nuestra literatura”. Explica que los derechos se ejercen, tal como la libertad de expresión, y que si bien la FIL es un espacio para visibilizar, no es el único.

Neira cree que cada vez se consolidan más los libros escritos por mujeres. “Sin duda alguna, ha sido una lucha compleja, porque la historia dice que los escritores siempre fueron varones y su discurso estético era el que primaba, ante todo, y, sobre todo. Hoy las mujeres están repuntando con voz propia, con una intensidad que también tienen su propia huella”.

Esta feria ha abierto más los brazos y la posibilidad de incluir a más autoras mujeres, pero sin excluir en ningún sentido a los hombres ni a autores con gran presencia".

¿La FIL Quito, entonces, es un espacio feminista? No, no necesariamente, afirma Neira. “Esta feria ha abierto más los brazos y la posibilidad de incluir a más autoras mujeres, pero sin excluir en ningún sentido a los hombres ni a autores con gran presencia, como Martín Caparrós, Vicente Caputo, Juan Gabriel Vásquez o Cristian Alarcón; es decir, hemos tratado de equiparar; no se trata de una cuestión feminista”.

La gerenta de la FIL Quito subraya que todas las ferias tienen una curaduría, para armar una agenda y un concepto. “No se piensa en quién va a quedar fuera, porque hay algo importante como el presupuesto. Y no se puede dar gusto a todos ni incluir a todos. El hecho de que la presencia de autoras mujeres sea la preponderante es porque se querían voces nuevas, contemporáneas. Si se quedó gente afuera, no fue por antipatía ni dedicatoria”.

Para Gabriela Ruiz, en toda feria hay un trabajo de selección de participantes, lo que para muchos es difícil de aceptar. “Algunas ferias no me han invitado y por eso no voy a decir que no sirve o no vale”.

En el mundillo de escritores y escritoras, sin embargo, la discusión está latente, no solo por esta FIL Quito, sino por la orientación que ha tenido en los últimos años. Eso sí, en absoluto silencio, pues, de no ser políticamente correcto o correcta, se corre el riesgo de no entrar en la vitrina. Ni en el eslogan: Leer, otro modo de encontrarnos. (I)