Parece poco probable, pero ocurre. Robin es cubano, siempre ha vivido en La Habana y como muchos en su país trabajó para una oficina de Gobierno. Por un amigo se vinculó al turismo y luego a la tecnología, ambos han ido cambiando su vida.

Ser youtuber en Cuba no es fácil, dice al relatar el uso de programas pirata, tener que ir a parques (zonas wifi) para subir videos y otras complicaciones.

Hace 6 años, yo tenía 30 años y mi mejor amigo trabajaba como mánager de una casa de renta a turistas y yo, para el Gobierno. Los turistas le pedían a mi amigo salir de fiesta en la noche para conocer la ciudad de la mano de un local y muchas veces él me llamaba para unirme. Yo le decía ‘tú tienes el mejor trabajo del mundo’”.

Robin Cordoví se refiere a que su amigo laboraba en un negocio privado, su salario era mucho mayor que los 30 dólares mensuales que da el sector público, podía conocer personas de todas partes del mundo, ir a restaurantes, fiestas y beber sin pagar y si los turistas tenían un presupuesto de viaje desahogado hasta le daban una propina. “Era evidente que yo quería eso para mi vida”, dice.

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Entonces, cuando aún los dueños de casas de renta no tenían acceso a internet para dar publicidad y gestionar espacios a cambio de comisiones, Robin creó una de estas plataformas: Cubaenjoyzzz, dando atención personalizada.

Mi cliente no era mi cliente porque no me pagaba directamente. Los dueños de las casas eran los que me pagaban y esto hacía que se desarrollara una conexión muy bonita con los viajeros... de ahí surge el eslogan UnAmigoenLaHabana que se ha convertido en mi marca personal”, y es como se registra hoy en YouTube.

Relata que tras la visita de Barack Obama en 2016 “entra al mercado cubano, el gigante de las reservas de casas y tours Airbnb, se abre un poco más el internet y Cubaenjoyzzz tiene que cerrar”, pero no las ganas de Robin que se convierte en anfitrión de Airbnb.

Este cubano, que ha ido perfeccionando su inglés en el contacto con los turistas, va sumando amigos y seguidores en redes sociales: casi 2000 en Facebook y 5600 en Instagran. Y en YouTube supera los 8600 suscriptores y 746 000 vistas, cifra importante para él porque ya le permite ingresos y por los desafíos que dice implica ser un youtuber que vive en Cuba.

Usamos programas piratas para poder editar porque los programas de Microsoft o Apple no tienen legalidad en Cuba”, dice.

Asegura que es difícil “no solo por el hecho de comprar cámara o teléfono de buena calidad, sino también a la hora de editar y subir los videos... hay que ir a parques o zonas wifi y comprar unas tarjetas prepagos de internet y luego subir el video”.

Un dólar respresenta alrededor de una hora en parques o zonas wifi y datos móviles alrededor de 10 dólares un gigabyte de internet, señala. (I)