En la producción nacional de televisión de Ecuador se marca un antes y un después. Repetitiva, con escaso contenido educativo o sin programación atractiva, son algunas de las observaciones que se atribuyen a los proyectos actuales. Mientras, en décadas pasadas, había más producción nacional o los canales invertían en series de muy alto contenido para la audiencia, sirven como referencia a varios expertos consultados. Por su parte, los televidentes rescatan algunas de las ofertas que ofrecen las cadenas.

“El negocio de los canales ha llegado a un punto muerto, no se invierte, no se mejora, es solo para cubrir espacios y costos”, indica Stanley Parker, director de Proyectos Especiales en el canal de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil.

Asimismo, se pregunta “en dónde quedó la televisión para disfrutarla en familia, el entretenimiento sano, divertido, para participar desde la casa, hacerme pensar, darme valores y respeto hacia el ser humano”.

Juan Xavier Borja, gerente de la productora de contenidos audiovisuales Avatar Cinema, señala que hay “solo novelas, realities y producciones de comedia todas iguales. No hay programación atractiva para mi gusto”, asegura.

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Natalia Tamayo, coordinadora de la Biblioteca de la Universidad de las Artes, cree que la televisión se ha ajustado a tener una programación que da más importancia a lo comercial que al contenido y se suma a los comentarios de Parker y Borja señalando que “hay pocas apuestas hacia la innovación tanto en contenido como en propuestas”.

En cambio, el actor Andrés Garzón comenta que poner algún tipo de valoración sería como dispararse a sí mismo, ya que es parte de esta propuesta audiovisual. “La televisión abierta ha cambiado desde los tiempos en que yo inicié (...). Una vez más nos meten presión para poder avanzar y hacer una propuesta al televidente que aún se sienta en el sofá de su casa a mirar a las rutilantes estrellas de nuestro atar sistema criollo”, afirma.

Lucho Mueckay, director artístico del Centro Cultural Sarao, califica a la programación nacional “sin balance. No hay cabida para muchos programas educativos o donde las artes protagonicen y reflejen lo que sí está ocurriendo en vivo en la ciudad y atrayendo cada vez más público”, dice.

Parker asegura que en las décadas de oro de la televisión ecuatoriana de los 80 y 90 el televidente conocía de cultura gracias a la televisión. “Ahora tenemos el escándalo mediático, figuras sin cultura, quien se pone más siliconas, la vulgaridad está a la orden del día, la falta de autocensura por parte de los propios medios de comunicación, el respeto al televidente”, sostiene.

Por su parte, la productora Taty Interllige comenta que en esa época “había más producción nacional y cubría las expectativas de la audiencia. Con identidad nacional y mejor calidad de producción”.

Mueckay dice que “muchos programas buscaban interactividad del televidente, que no es un ente pasivo que solo recibe contenidos y mensajes”.

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Garzón comenta que “hemos mutado transformándonos de lo original, a lo copiado y pasado por la franquicia para luego volver a nuestra propia propuesta”.

En tanto, la psicóloga clínica Beatriz Gómez considera que de “alguna manera la programación televisiva en el Ecuador ha mejorado”. Indica que existen entrevistas muy buenas de todo tipo que hablan de violencia, sexualidad, educación, valores, sin embargo, dice, que son insuficientes y no hay secuencia o continuidad para que exista una fijación de la información o aprendizaje otorgado por los medios de comunicación.

Por su parte, Francisco Villamarín, gerente regional de la agencia Norlop Quito, cree que hay un nivel técnico bueno, pero los contenidos aún no son buenos y además no evolucionan. “Casi siempre es lo mismo y todos los canales hacen casi lo mismo”. Con él concuerda Borja, quien agrega que la programación sigue estando al servicio de los vendedores de alimentos y otros mercados.

En ese contexto, Villamarín señala que la función de la publicidad dentro de la televisión como medio de comunicación tiene dos finalidades. La primera una funcionalidad comercial, mientras que la segunda la publicidad también es una fuente de contenido para la programación que emite como un producto hacia a sus televidentes.

La voz de los televidentes frente a la programación nacional de TV

La voz del pueblo es la voz de Dios, reza una frase popular, y en este caso los televidentes son los que deciden al final qué tipo de programas desean ver y son los más críticos en el instante en el que tienen un nuevo producto en sus pantallas.

Mario F. López, de 33 años, analista de políticas públicas, destaca las producciones de antaño, cuestiona la producción de algunos programas de la actualidad, pero también indica que la producción ecuatoriana está tratándose de levantar. “Ecuavisa está haciendo un gran esfuerzo, por ahí TC Mi Canal”, señala, y añade que también le gustaría que se trabajara para que exporten programas que realmente sean buenos a nivel internacional.

Con López coinciden Roxana Collaguazo (32), ama de casa; Selene Ávila (22), estudiante universitaria. Ambas resaltan la producción de la serie 3 Familias, de Ecuavisa.

Criterios divididos se dan entre los realities de las diferentes cadenas, unos en favor y otros en contra. Celia Vite (57), odontóloga, indica que le llaman la atención los programas de competencia, criterio que coincide con Ávila.

Lucía Mieles (31), economista, por su parte, comenta que es comprensible que los canales de televisión ganan de acuerdo a sus indicadores de rating, “pero creo que no por esto deberían descuidar la calidad y compromiso de su trabajo”. Agrega que años atrás las comedias eran sanas y gustaban para hacer reír, y menciona como ejemplo la serie Mis adorables entenados.

Ángel Torres (23), estudiante universitario, rescata los programas matinales. “Son buenos casi toda la mañana en los diferentes canales de televisión, las noticias”, sostiene, y destaca a Amigazos de Gamavisión, 3 Familias y Maleteados.

En tanto que Luis Villacís (32), licenciado en Publicidad y Mercadotecnia, señala que prefiere una programación para la familia que sea educativa. “Que me ayude a construir valores éticos, cívicos, morales, eso principalmente como base fundamental para que la sociedad y nuestro pueblo se eduque (...)”, asegura. (I)